Hoy ha sido un gran día lleno de pilas recargadas, vacío de horas de estudio y en buena compañía conocida en el exilio.
Sara me ha acompañado estos días postexámenes y horas de sueño recuperadas. Saber que duerme en el sofá es saber que la vida sigue, que siempre encontramos a gente nueva en el camino que hacen que los cambios sean para mejor.
Tras un fin de semana de pelis, poco alcohol (sólo el necesario), muchas risas, comida sana y de encierro voluntario en casa, se avecina un nuevo cuatrimestre lleno de cosas nuevas, filósofos por descubrir y de tachar días en el temido calendario. Antes de que llegue el último día a tachar pienso ser feliz muchos de ellos, con Alba, con Sara y con cualquiera que se atreva a mostrarse, como poco a poco vamos haciendo nosotras.
Nunca se me ha dado bien hacer nuevos amigos, siempre he necesitado que alguien dé el primer paso, pero aquí todo parece ser mucho más fluido. Será porque no tenemos a nadie, porque la vida ha vuelto a empezar por unos meses, por el aire de la sierra... por lo que sea, pero me alegro de poder tener a Sara al otro lado de Granada dispuesta a pasar unos días conmigo, convertirse en ocupa (sí, con C de ocupación "consentida") en casa y no tener que hablar para sentirnos cómodas. Poder pasar tiempo en compañía sin dar explicaciones, simplemente siendo cada una construyendo un mundo compartido; ponernos al día sobre 22 años sin conocernos. Saber que toca el piano, que su ex le vuelve loca, que se siente un pato con las "telas", que se siente igual de idiota que yo estudiando lo que estudia y que algún día será libre. Y yo lo sé.
Así que supongo que en esta tarde de domingo rara, más bien noche de domingo solitaria en casa, sólo me queda agradecer las nuevas compañías que el dinero de la beca no podrán pagar.
p.d. No sé si ho llegiras, Sara, però gràcies per tot, cor!
domingo, 20 de febrero de 2011
lunes, 14 de febrero de 2011
Hablar sin hablar
Hoy no hablaré del amor que no siento, del deseo que intuyo o de las ganas de vivir que me entran con cada nuevo período de exámenes. Tampoco hablaré de lo mucho que me gusta mirar a la gente e imaginarme cómo serán sus vidas cuando estoy en la calle y no contaré que no sé caminar sin levantar la vista del suelo. No leeréis que me gusta el mar en invierno y que lo detesto en verano.
No diré que no me echo azúcar en el café ni el té y que echo siete cucharadas en el yogur natural; que sólo me gusta la naranja en zumo y que lo cuelo porque no me gusta notar la pulpa cuando me lo bebo.
Hoy no hablaré de que me encanta que me toquen el pelo y no confesaré que tengo cosquillas detrás de las rodillas. Tampoco diré que me gusta recogerme el pelo después de ducharme para soltármelo luego y sentir su olor.
Tal vez cuente que no soporto que alguien lea por encima de mi hombro algo que estoy leyendo; que odio que me llamen al móvil cuando estoy en el metro o el bus porque me da vergüenza.
Por otra parte, no diré que me gusta que me dediquen canciones y que siempre he querido que alguien me escriba una; no contaré que sueño más despierta que dormida y que nunca recuerdo mis sueños o que hablo a través de citas.
No hablaré de que no me gustan las casas con decoración blanca porque me hacen sentir incómoda, el olor de las colonias de señora mayor porque me marean y los besos al aire porque sólo son una imitación barata de los verdaderos besos; tampoco contaré que no soporto las cosas lights, desnatadas, sin cafeína, sin teína, sin lo que sea, porque me parecen un insulto a las cosas que sí los llevan.
Lo dicho, hoy no contaré nada.
miércoles, 9 de febrero de 2011
Factura$
Hoy, al ir a pagar al banco la factura de la luz y el agua he tenido una revelación: han muerto un poco más mi niñez olvidada y mi adolescencia perdida al verme haciendo cosas de persona mayor,adulta y responsable.
Dios no ha muerto (por mucho que lo diga un alemán), lo que ha muerto es mi ingenuidad (yo pensaba que las facturas se pagaban solas, pensaba que las cartas que llegaban a casa de mis padres cada mes eran como saludos de los Señores de la Luz y que les decían "No se preocupen, lo de la cuenta ya está arreglado...") y sí, yo la he matado.
P.d. Lo que tampoco puedo entender es por qué después de pagar nos sentimos como flotando, liberados, con los deberes hechos y listos para salir a jugar al parque con los demás niños...
Dios no ha muerto (por mucho que lo diga un alemán), lo que ha muerto es mi ingenuidad (yo pensaba que las facturas se pagaban solas, pensaba que las cartas que llegaban a casa de mis padres cada mes eran como saludos de los Señores de la Luz y que les decían "No se preocupen, lo de la cuenta ya está arreglado...") y sí, yo la he matado.
P.d. Lo que tampoco puedo entender es por qué después de pagar nos sentimos como flotando, liberados, con los deberes hechos y listos para salir a jugar al parque con los demás niños...
miércoles, 2 de febrero de 2011
"Shhh"ecretos
¿Por qué tenemos secretos? ¿Nos sirven para esconder lo que realmente somos? ¿En qué nos ayudan? ¿Cuántas cosas nos hacen perdernos? ¿Qué esperamos de ellos? ¿Por qué guardamos parte de nosotros, quizás las más importantes, como si fueran tesoros que nadie debería descubrir nunca? ¿Por qué al contárselos a alguien le pedimos que no los cuente como si ese alguien no supiera lo que es un secreto? ¿Por qué nos escondemos detrás de ellos?
Siempre he tenido secretos, quizá más que la media. La mayoría son cosas que me avergüenzan, otros explican demasiado lo que soy realmente y harían caer esa máscara que me he forjado a base de años; otros, simplemente, son cosas que me parece que nunca pasaron; algunos son pequeños recuerdos que jamás le contaré a nadie; pocos tienen algún valor más allá del que yo les doy; muchos podría decirlos sin pensar y luego arrpentirme para siempre; otros tantos me sirven para sobrellevar el día a día; algunos son ilusiones que me hacen levantarme cada mañana; tengo algunos que ni siquiera sé si existen y otros de los que nunca llegaré a ser consciente de que los tengo.
No son secretos mejores que los del resto, simplemente son los míos. Secretos y más secretos que, aunque sea a nosotros mismos, nos muestran nuestra verdadera cara, nuestros miedos y nuestras certezas.
Cuántas noches de no-dormir pensando en si contar algo o no hacerlo, cuántas declaraciones retenidas en la punta de la lengua... Es como si pensásemos que si los contamos, los demás no podrán entendernos, incluso querernos, que nuestro lado oscuro apagará la luz de los grandes momentos. Ésos que, al fin y al cabo, quedan siempre para nosotros.
p.d. "Tienes secretos que sé, nunca los vas a contar" Fito ha sonado cuando acababa de escribir estas líneas. A veces, Leibniz tiene razón y hay algo parecido a una "armonía preestablecida"...
jueves, 27 de enero de 2011
Tentaciones
¿Caer o no caer en la tentación? Ésa es la verdadera y única cuestión.
Dejarte arrastrar hacia el fondo de la tentación, sentirte tú misma verdadera tentación. Un sólo guiño basta, una palabra que sirva para confundir, despistar y proyectar la atención hacia ti. Sentirte viva por unos instantes mientras sientes que unos ojos te siguen por toda la habitación. Sentirte dueña de una situación sin dueños, tampoco esclavos, sólo cuerpos que se mueven. Aquí no cuentan las almas, sólo las tentaciones que se van generando con cada nuevo estímulo. Morder la manzana. ¿Por qué no? Más bien devorarla. ¿Para qué hacer las cosas a medias?
Música lenta, Slowly, círculos concéntricos que se cierran muy lentamente. Imaginación disparada sin ninguna intención de controlarla. Juegos de azar y encuentros intencionados mezclados en una cama. Excesos y faltas, no habrá piedad para nadie. Temblores por todo el cuerpo, remolinos que te hacen querer más y dejar de tocar el suelo por unos segundos.
Bocas que sirven para algo más que hablar, miradas que dicen más de lo que deberían y susurros que retumban como gritos. Frases inacabadas en una nuca, cuerpos que no saben a dónde irán las manos que los recorren. Sorpresas.
Caer en la tentación, sí, sin ninguna duda.
sábado, 22 de enero de 2011
Galería fotográfica
A veces, me gustaría ser una de esas galerías de fotos que hay en los blogs y cosas de éstas.
Siendo una galería de fotos podría borrar recuerdos que quiero olvidar con un solo clik; destacar momentos, poniendo las fotos bien grandes, y relegar a las últimas fotos ésas que hablan de ti o de gente que ya no está.
Podría pasarlas más o menos rápido y echar un vistazo a lo que ha sido mi vida durante los dos o tres últimos años. Entre foto y foto, como pasa cuando miras una de esas páginas, saldrían unos puntos suspensivos que van aumentando de tamaño de uno en uno y me dejaría pensar en lo que ha significado la foto anterior e incluso imaginar cómo será la siguiente. Sólo sería cuestión de borrar, subir imágenes pasadas y crear fotos nuevas. Sin complicaciones, rápido y fácil.
Pero resulta que no soy una galería de fotos, sólo soy yo. En vez de fotos, tengo recuerdos y muchas veces se me olvida que tengo que crear nuevos. A veces, una especie de inmovilidad se apodera de mí y otras veces, miedo. Ni fotos ni recuerdos ni imágenes que recordar...
Algunos días pienso que la carpeta en la que pone “Pasado” está muy llena, pesa y ocupa demasiado, lastra a la que pone “Fotos de mañana” que siempre está vacía. Otros, lo que hago es imaginar cómo serán esas fotos de un mañana que se presenta incierto y consigo borrar alguna de las desenfocadas de ayer; pero ésos son los menos. Los más son de recordar risas de algunas noches y resacas posteriores.
Por lo menos, entre tanta foto, me queda la certeza de que algunas sí que he ido haciendo y la esperanza de seguir haciendo otras cada vez con mejor calidad, enfoque, luz y retratos en macro.
Siendo una galería de fotos podría borrar recuerdos que quiero olvidar con un solo clik; destacar momentos, poniendo las fotos bien grandes, y relegar a las últimas fotos ésas que hablan de ti o de gente que ya no está.
Podría pasarlas más o menos rápido y echar un vistazo a lo que ha sido mi vida durante los dos o tres últimos años. Entre foto y foto, como pasa cuando miras una de esas páginas, saldrían unos puntos suspensivos que van aumentando de tamaño de uno en uno y me dejaría pensar en lo que ha significado la foto anterior e incluso imaginar cómo será la siguiente. Sólo sería cuestión de borrar, subir imágenes pasadas y crear fotos nuevas. Sin complicaciones, rápido y fácil.
Pero resulta que no soy una galería de fotos, sólo soy yo. En vez de fotos, tengo recuerdos y muchas veces se me olvida que tengo que crear nuevos. A veces, una especie de inmovilidad se apodera de mí y otras veces, miedo. Ni fotos ni recuerdos ni imágenes que recordar...
Algunos días pienso que la carpeta en la que pone “Pasado” está muy llena, pesa y ocupa demasiado, lastra a la que pone “Fotos de mañana” que siempre está vacía. Otros, lo que hago es imaginar cómo serán esas fotos de un mañana que se presenta incierto y consigo borrar alguna de las desenfocadas de ayer; pero ésos son los menos. Los más son de recordar risas de algunas noches y resacas posteriores.
Por lo menos, entre tanta foto, me queda la certeza de que algunas sí que he ido haciendo y la esperanza de seguir haciendo otras cada vez con mejor calidad, enfoque, luz y retratos en macro.
jueves, 20 de enero de 2011
Iris=inSpIRacIón
Es una suerte tener amigas que te inspiren, aunque sea involuntariamente. Eso es Iris muchas veces, pura inspiración. Inspiración dionisíaca para alguien bastante apolínea, demasiado tal vez.
Su blog, sugerente e inspirador, ha provocado que después de tantos días sin pasar por aquí (no sé si será porque no tenía nada que decir o porque tenía tantas cosas que contar que no sabía por donde empezar) me decida a escribir cuatro líneas que no llegarán a ninguna parte. Cuatro líneas que no estaban proyectadas en el horizonte, pero que por pura coincidencia van a ser escritas. No sé si por mí, por mis dedos, mi cerebro o por algo parecido a un demonio que oigo a veces en la cabeza. Tampoco sé si ese demonio es bueno, tal vez sea como el de Juan de Mairena y sólo se dedique a hacerme tachar líneas para escribir lo contrario a lo que quiero decir o simplemente quiera llevarme la contraria por defecto.
En fin, que gracias Iris. Por inspirar sin querer y por hacer que vuelva aunque no me haya ido nunca del todo.
"Desautomatización" dice la dueña de alguna isla que no está en el mar, sino en la tierra. Desautomatización y yo añadiría Actuación. Digamos que me cansé del "digamos". Digamos que estoy más que cansada de no cansarme por nada. Digamos que me cansé hace tiempo de los escudos que yo misma me imponía y digamos que, un día, empecé a quitármelos. No fue algo consciente sino más bien pre-reflexivo. Algo que no pretendía y, sin más, sucedió. A veces, se necesitan ese tipo de cosas; ésas que, como las cosas del querer, no tienen fin ni principio, ni quién, cómo ni por qué.
En fin, que aunque nada tenga sentido y no lo vaya a tener (no sé porqué siempre queremos buscarle un sentido a todo...supongo que será porque la incertidumbre nos mata, nos revuelve por dentro y no nos deja respirar), voy a vivir "a mi manera". Se acabaron las tonterías, los escudos y los "el-mundo-no-me-entiende". Si no me entiende, no importa.
P.d. ¿Me oyes? No importa.
Su blog, sugerente e inspirador, ha provocado que después de tantos días sin pasar por aquí (no sé si será porque no tenía nada que decir o porque tenía tantas cosas que contar que no sabía por donde empezar) me decida a escribir cuatro líneas que no llegarán a ninguna parte. Cuatro líneas que no estaban proyectadas en el horizonte, pero que por pura coincidencia van a ser escritas. No sé si por mí, por mis dedos, mi cerebro o por algo parecido a un demonio que oigo a veces en la cabeza. Tampoco sé si ese demonio es bueno, tal vez sea como el de Juan de Mairena y sólo se dedique a hacerme tachar líneas para escribir lo contrario a lo que quiero decir o simplemente quiera llevarme la contraria por defecto.
En fin, que gracias Iris. Por inspirar sin querer y por hacer que vuelva aunque no me haya ido nunca del todo.
"Desautomatización" dice la dueña de alguna isla que no está en el mar, sino en la tierra. Desautomatización y yo añadiría Actuación. Digamos que me cansé del "digamos". Digamos que estoy más que cansada de no cansarme por nada. Digamos que me cansé hace tiempo de los escudos que yo misma me imponía y digamos que, un día, empecé a quitármelos. No fue algo consciente sino más bien pre-reflexivo. Algo que no pretendía y, sin más, sucedió. A veces, se necesitan ese tipo de cosas; ésas que, como las cosas del querer, no tienen fin ni principio, ni quién, cómo ni por qué.
En fin, que aunque nada tenga sentido y no lo vaya a tener (no sé porqué siempre queremos buscarle un sentido a todo...supongo que será porque la incertidumbre nos mata, nos revuelve por dentro y no nos deja respirar), voy a vivir "a mi manera". Se acabaron las tonterías, los escudos y los "el-mundo-no-me-entiende". Si no me entiende, no importa.
P.d. ¿Me oyes? No importa.
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