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lunes, 12 de marzo de 2018

Doncs això...


Nada como una cama revuelta. Nada como unas bragas en el suelo. Nada como quitarte un calcetín negro y que caiga donde sea, o que las botas acaben perdidas por el fondo de la habitación. Nada como unos pañuelos en el suelo que sólo hablan de nosotros.

Nada como el búho observando al otro lado de la cama, esperando que llegue su turno. Ya tú sabes...

Nada como mirarte a los ojos y saber que el cable sigue firme. Mientras, sigo. Practico contigo el cíclope y el espectáculo más grande del mundo: el Circo, ya ves.

Nada hay como notarlo, sentirlo, avisarte y ver tu cara. Nada como que me mires cuando sabes lo que está por vernir: gritos y aplausos del público. Nada como saber que hoy es martes y te veo.

Nada mejor que saber que te tengo también mañana. Que lo que hay en el suelo lo recojo en un momento. O tú. O los dos.

Nada como hoy. Nada como TODO.

sábado, 6 de mayo de 2017

Más elenco

Hacía tiempo que las chicas no pasaban por aquí. Era como que no tenían la necesidad de contar, sólo querían disfrutar de lo que tenían delante, saborearlo y quedárselo para ellas. 

El Circo seguía, más vivo que nunca. Los compañeros ya se conocían y la máquina estaba ya bien engrasada. ¿Aburrimiento? ¿Rutina? Nada más lejos. Todos los días suponían un paso más. Sí, eran felices. 

La Jefa, El Chico Para Todo, el Volatiner... Todos las querían. Vigilaban que estuvieran bien. Siempre había detalles para ellas: un anillo, un libro, un colgante, una tarta improvisada con velas, búhos cumpleañeros...

Aunque eso no era lo importante. Sólo el saber que tenían a alguien a quien contarle el nuevo número, sus dudas, sus fracasos, servía. Todos eran necesarios, aunque alguno se había convertido en su favorito. El Crítico, quién lo hubiera dicho, siempre estaba, siempre respondía a sus actuaciones. No se perdía ni una. Nunca fallaba, sin duda, y si tenía que ponerlas en su sitio, lo hacía. Eso era lo que más les gustaba. Estaba, pero no como un mero espectador pasivo.

Luego estaban los acompañantes que traía, les encantaban. Lejos de ser una presión más, supusieron más búhos y regalos y fiestas cuando acababa la función.

Si lo único que se esperaba de ellas era estar y seguir así, ampliando el elenco, el Circo no cerraría nunca las puertas. 

miércoles, 14 de octubre de 2015

Humedad

Siempre les gustó sentir la lluvia golpeando en la carpa del Circo. Era su pasatiempo favorito: mirar desde la ventana cómo se iba empañando el cristal de la caravana antes de entrar a escena. Allí lo dejaban cuando llegaba la hora de actuar, con todo ese ruido sordo que tanto les "acaronava".

Tendrías que ver su actuación en esos momentos. Salían alegres y encantadas, jamás se cansaban del repiqueteo de las gotas ni de los aplausos del público. Es más, aquellos momentos en escena daban aire para que las dos pudieran probar nuevas actuaciones para la siguiente semana.

Sí, los días húmedos eran los que más les gustaban. En todos los sentidos.


viernes, 2 de octubre de 2015

Suerte

Sigue el Circo, continúa la fiesta y las dos siguen tentando a la suerte. Mañana será otro día, les han dicho, mañana será volver a verte. Reencontrar ese tiempo de cable y trapecio, con más público, eso también. Suerte que mañana será mañana.

Suerte que ninguna la necesita.

viernes, 7 de agosto de 2015

Sombrilla

Ayer dijiste que no te lo dirían, que esperarían a escribirlo. Tenías razón, lo diré yo. Aunque tampoco voy a decir nada que no hayan dicho ya, que no te hayan dicho.

Siguen con el cable y el trapecio preparado; huelen el café y siguen escuchando de fondo la Ser, aunque sea agosto. Han de reconocer que esas nuevas costumbres que tienes de no madrugar ayudan. Levantarse tarde un jueves, aunque haya obreros intentando que no lo hagas, tiene su aquél. Algún día entenderás que tomarse un café a la una también es bien.

Eres un pesado, las dos lo saben, incluso tú, pero haces que sea graciosa esa manera de preguntar. Les gusta. Como también les gusta ese fingir que se cansan y ponen los ojos mirando al cielo. Me han dicho que hasta seguir horarios (ellas, ya ves), tiene su punto. Sentarse sobre una encimera de cocina nunca fue tan divertido como cuando esperan que se haga la comida y el número privado que les brindas. Ahora se me cae un trozo de tortilla o se me olvida apagar la cebolla y, ellas, mientras, aprovechan un ventilador que lleva su nombre.

Ah, también tenéis ratos de playa. Sol, qué susto para ellas. Nudismo, qué susto para ti. Lo mejor es cuando entráis en las piedras y de fondo se os escucha, "ai, quin susto, tots en conill", pero seguís colocando la sombrilla.



lunes, 20 de julio de 2015

Sólo

Saber que mañana será... O no. Dejar las expectativas en alto. Comprender que lo bueno se hace esperar.

Esperar. No importa. Sólo necesitan una llamada al móvil. Sólo un "¿Cómo estás?" Que demanda recuerdos.

Sólo eso. Y es bien. 

miércoles, 1 de julio de 2015

Ola de calor

Todos, en el Circo, llevaban una semana inquietos. "Hoy no se podrá soportar estas temperaturas aquí dentro", "La primera ola de calor nos ha pillado desprevenidos". Todos se quejaban del calor. ¿Todos?

Ellas seguían preparando la función; llevando el ventilador hasta la cocina, si hacía falta. Preparaban nuevo salto o voltereta. Les gustaba, sí, mucho. Que entraran a verlas era la mayor recompensa. Dentro, hasta el último segundo; que entraran. Eso les hacía sentir aquello que jamás confesarán, me contaron.

Seguían pensando que el público se cansaría de ellas; que no había mucho más que mostrar y que todo aquello terminaría hartando al espectador. Era su única preocupación; el momento de ver la grada vacía. Había más espectáculos que visitar.

Mientras, continuaban preparando la función. Intentaban que la novedad fuera un aspecto más del número y que la última declaración tuviera algo de calado. Seguían bien, estaban contentas. Eso pensaban cada mañana al abrir los ojos; también "¿cuándo será la próxima actuación? ¿Hará calor?".

Les esperaban con ganas, sin preocuparse por el resto del mundo. No había nada que ocultar, tampoco que contar. No había porqués que dieran una clave concreta ni un "y todo eso pasó", más allá de citas o recuerdos; Ella(s), simplemente, lo vivieron.

Esperaron tal y como no se les había prometido  y, Quién sabe? Igual? #PoquesGanes #JaHoEscric

miércoles, 3 de junio de 2015

Heidegger tenía razón

Saber que habrá encuentro, o preparar el acontecimiento, sólo tiene sentido cuando sabes que lo vas a vivir. Diga Heidegger lo que diga.

No se trata de desdecir teorías, de encuentros y azares, de mañana quedaremos. Se trata de saber que lo que se dice a las dos de la mañana, convence igual a las diez de la noche; porque sí, porque madrugar no es gratificante, pero tiene ese punto de realidad-ficción que siempre han añorado.

Gustan las dos de saberse deseadas, incluso queridas. Saben que todo es efímero. No buscan una antítesis al estilo hegeliano, tampoco una síntesis que pueda solucionar todos los problemas con la síntesis; tan sólo el acontecimiento.

Sólo lo preparan, como cada actuación, sólo esperan que ocurra. Lo gracioso, después de todo, es que Heidegger tenía razón: el Dasein estaba listo.


sábado, 16 de mayo de 2015

Si supieras...

"Imagina que te beso y no te giras" y, además, "tu ropa es mi peor enemiga". Lo gracioso es que no necesitan pantalones que se tiran al suelo ni sujetadores que aparecen debajo de la cama. No quieren nada más que una puerta que se abre en un quinto piso (y casi sin llamar); una radio descodificada y una mañana con prisas, que se hace tarde. Tarde para el resto. Porque, entre la colcha roja, está todo dicho. Hecho.

"Si supieras lo que te miro a escondidas".

miércoles, 1 de abril de 2015

Resumir

Quizá, como resumen, se quedaban cortas y nunca sabían qué tecla tocar. Siempre quedaban frases no dichas o un "y yo más" cuando miraban al público. No solían contar sus historias mientras tenían por delante a un Prestidigitador, un Saltimbanqui, un Ilusionista y la Dueña cerrando el espectáculo en la pista.

Hacían su número en la función y se recogían. Los aplausos del público eran secundarios, pero se emocionaban al sentir la pista llena de espectadores. Ya lo sabéis, nunca quisieron ser las protagonistas, pero seguían sin despreciar un buen aplauso.

Por lo que sé de ellas, en el Circo, siguen vivas. Intentan sorprender cada noche y buscan nuevos números para sorprender a la gente; que vayan al Circo y no se quieran ir de allí.

De momento, el público es fiel. Cada nueva actuación soporta sus risas y sus desmanes. Las dos se mueven alegres y encantadas por emocionar. Para eso han venido; para hacer acrobacias dentro de una nueva escena que se plantea algo más complicada de lo que decían por ahí.

A pesar de todo, saben que el público les sigue, por eso están felices. No necesitan más, dicen. The show must go on, suponen. Quieren que el Circo siga vivo, aunque sea a cambio de nada. Cueste lo que cueste.

¿Quién sabe? Igual no era tan sencillo resumir. 

lunes, 23 de marzo de 2015

Lluvia

"Mañana me escribirás lo que no te atreves a decirme ahora", le decían a la Funambulista. No era eso, aunque también, la iban conociendo. Era, más bien, una necesidad de procesado de información y un controlar por dónde andaban los cables tendidos, dejar respirar y disfrutar los momentos intensos. Luego, vendría la lluvia.

Ya ha dicho que, entre miradas cruzadas, no sabe manejarse; pero, también es cierto, que iba haciendo sus pinitos en las últimas actuaciones. Cables y cuerdas, cintas y antifaces. Focos encendidos sin que ella sea consciente de ello y pida explicaciones absurdas. De ésas de dos y pico de la madrugada. Ojos que reconoces sólo si se cierran al reír, con todas esas pestañas, o te miran y piensan que no lo notas. Ojos que no son grandes, pero sabes que te recorren cuando hay un silencio y que te producen ganas de besar bocas, una en concreto. O de abrir la tuya. Que también tiene lo suyo. La Funambulista se guarda ese momento para ella. Disculpen las molestias.

Al final, iba a resultar que tenían razón. Necesitaba un tiempo y escribir, para poder reaccionar. Estaba contenta y, además, llovía.

domingo, 22 de febrero de 2015

Pequeños números

Saber transportar la atmósfera de una habitación a una casa, como si nada hubiera sucedido, fue su victoria.

Poder no decir nada, disfrutar del silencio compartido, supuso una comodidad que pocas veces habían encontrado.

Mirarse a los ojos, incluso buscar la mirada, cuando se ponían escandalosas, resultó ser un logro por parte del espectador. Ponía mucho de su parte; sabía qué hacer cuando ellas estaban nerviosas.

Pequeños números, dirán algunos, pequeñas andanzas de una Funambulista y su circo. Para ellas, era como conseguir la dedicatoria del libro de su autor preferido. 

sábado, 14 de febrero de 2015

Contrato indefinido


La sensación que tenían era como de vuelta al hogar, al principio. Sólo podían servirse de sus piernas, medio en el aire. Era un volver a empezar. Estaban preparadas para el rechazo del público, pero también dispuestas a esperar su turno, si tenía que llegar. Sin prisas; nunca les había gustado el "en dos minutos estáis en escena". 

La Dueña lo sabía y no había mucho más que explicar. Entre todas habían pensado cómo hacer el número final. No iba a ser fácil, quizá no se produjera; ellas sólo pedían estirar las piernas. 

Lo importante es que las dos querían seguir en el circo, adaptándose a las diferentes situaciones; esperando no resultar aburridas o pesadas. Lo habían hablado con la Dueña y ella les daba carta libre. De momento, todo estaba en orden.

Seguirán, por lo visto, haciendo esos malabares y cabriolas que tanto les gustan. Alegres y encantadas, expectantes también, de la respuesta del público. Pero lo único que está claro es que si la Dueña las mantiene en cartel, aceptarán el contrato indefinido. 


domingo, 8 de febrero de 2015

Bonito

Saber que no estaban solas era bonito, aunque lo bonito eran los pequeños detalles. Un buenos días al despertar o un cómo va todo a media tarde. Entre ensayo y función, siempre se podía sacar rato para aprovechar y hacer un picnic entre cuatro paredes.

Bonito era no contar minutos ni acordarse del móvil. Bonito era madrugar, aunque fuera un martes. Bonito era volverse locas con las cortinas corridas a las cinco de la tarde. Bonito era apagar una luz para abrir una ventana. Bonito era que una rampa interrumpiera. Bonito era cuando se ponían escandalosas y despertaban al resto del circo.

Bonitas eran muchas cosas, pero Bonito era... Él.


jueves, 15 de enero de 2015

Y todo se apaga. O no

Estaban esperando el número final, pero sabían que nunca iba a producirse; ya se sabe, lo que hoy es terremoto, mañana son sólo daños colaterales.

Algunos pensaban que la vela se apagaba, ellas pensaban que no se había encendido la mecha. Todavía. 

viernes, 19 de diciembre de 2014

Mis trasticos


Nunca pedían nada inalcanzable. Sólo las pompas de jabón determinaban el momento inexacto de la destrucción, o no.

Si había algo que las definía era, váyase usted a saber por qué, los broches; no importaba si eran búhos o burros. ¿Qué más? Les gustaba mirar el fuego, que no a los ojos. De ahí tanta vela.

Tenían un boli morado por el que se peleaban, unas gafas de miope que no quería ninguna y, también, un destornillador que sólo servía para dejar claro que no se habían peinado, pero disimulaban. Por lo visto, también tenían los pendientes de domingo. Nunca sabremos para qué día fueron destinados el resto, los monstruos.

Los pintauñas de colores sólo disimulaban las grandes pompas de jabón; ésas que, al final, salen del pompero sin saber por qué. Las mismas por las que soplas una vez más esperando una respuesta diferente.

No son las mismas en las que que la magia se pierde; son ésas en las que miras un pompero, y sabes lo que se ha de hacer, esperar la magia.

No descubriremos nada, la magia está servida. En sus manos lo dejan.


viernes, 21 de noviembre de 2014

Contentos

Hay días en los que las dos necesitan que el sol salga por el oeste, pero también los hay que no están pensados, se desarrollan. Hay días de cama, otros, de café. También los hay de cervezas. Días que son momentos. Todos valen.

Como no saben hablar, escriben. Como tienen tiempo entre actos, imaginan. "Todo está en equilibrio", dice la Funambulista. "Las telas están preparadas", contesta la Trapecista.

El Circo sigue. Todos están contentos. 

domingo, 13 de julio de 2014

Sábado noche, nadie esperando más allá de la red, todo en orden. Era bueno disfrutar de una noche de descanso en pleno mes de julio. Todos en sus casas y ellas en la roulotte, la semana que viene ya vendría.

Dejaron de lado los estiramientos previos y las comprobaciones de cable y trapecio. Hoy era día de fiesta, hoy nadie iba a venir con "en dos minutos salís", aunque fuera la dueña.  

jueves, 10 de julio de 2014

Un rato

Nunca sabría decir cómo pero la Funambulista saltó sin red de fondo, eso era lo mejor. Consiguió llegar al otro lado sin prisas, sin respiraciones contenidas. Llegó la noche y dijo que sí, se descargó del peso y miró al cable; hoy era el momento y suponía que el público sería escaso, eso también iba a ser de lo mejor de la noche.

Sólo un punto en la espalda iba a ser el símbolo de la derrota, todo lo demás había sido triunfo. Sólo una marca que, como ella ya sabía, tardaría unas semanas en desaparecer. El precio por fumar, ya se sabe. Balcón abierto y luz en la mesita desembocaba en picadura sin necesidad de preguntarse por qué.

Como resumen era poco; se dejaba las risas, el agua caliente de una bañera, las conversaciones entrecortadas, los libros, las frases que quedaron a medias, las preguntas que no se llegaron a pronunciar. Estaba bien, no obstante. A pesar de los mosquitos, parecía que todo había funcionado sin necesidad de red.

P.D. A veces, sólo eso funciona, y no está mal. Aunque sólo sea por un rato.

viernes, 20 de junio de 2014

Mirar desde abajo

Estaban convencidas. Llegaron a la misma conclusión las dos. El circo aumentaba, pero todo giraba entorno a ellas. Todos venían a ver su espectáculo, y de paso al resto.

Querían potenciar sus números, nuevas acrobacias con cable y trapecio. Se devanaron los sesos buscando qué modificar. El Prestidigitador avisaba que no iba a estar, el resentimiento del Payaso triste no era motivo para parar. El Domador debía salir del circo, siempre dijimos que no queríamos animales-fieras en estas pistas. El Mago no terminaba de funcionar.

Necesitaban remodelar la plantilla. Gente que no fuera a mirarlas desde abajo, esperando, con miedo. Todos ellos habían levantado la cabeza para ver lo que, se suponía, era una rutina; hacer lo que se sabe hacer, cada noche. No lo entendían, todo estaba controlado, el cable y el trapecio.

No obstante, el Prestidigitador pensaba que las engañaba, el Payaso que nunca lo verían y el Domador las miraba desde una jaula que creía su cárcel. Ellas sólo pretendían mostrar lo que podían hacer, sin juicios ni espectadores.

Mirar desde abajo nunca muestra lo que pasa antes de saltar a la red o el trapecio. Sólo es esperar. Todos ellos hablaban de su miedo, nunca pensaron en los suyos. No las querían ver caer, pero tampoco pensaron en lo que un fino cable supone. Tampoco lo que puede ser olvidarse del público, lo que es hacer lo que se quiera cuando se preste el momento.

Señores circenses, relax. No sabotearán sus respectivas actuaciones, que no se vaya el Prestidigitador y que el Payaso recobre su nombre. Del Domador sólo dirán que tenga a sus fieras más que bien cuidadas, que se cuide también.

El resto de circenses también son bienvenidos. Todo lo que sea quitar protagonismo a la Funambulista y a la Trapecista, que no se empeñen en mirarlas desde abajo, es una novedad.

Miradlas a los ojos. Que os dejen. Es la única premisa.