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viernes, 13 de febrero de 2026

Vivir

 "Tanto Circo y tanta hostia y resulta que sólo (sí, con acento) se trataba de vivir", pensaron las dos cuando les dijeron que habían agotado las entradas. Otra vez. Cable, balancín, telas, barra... Todo listo como siempre. 

Ahí estaba el truco: pasaron los años y todo seguía como tenía que ser. Y tan contentas. No hacía falta que vinieran nuevos espectáculos porque nadie pudo cancelarle el suyo antes. El Circo funcionaba, ¡y de qué manera! Seguían subiendo a las alturas sin mirar abajo porque se sabían seguras. Los de abajo las observaban y cuidaban a pesar de los cables.  

¿Nueva función? No, la misma de siempre. Pero esa misma que sabes que se te da bien y te hace sentir libre, orgullosa y segura. Una que tienes tan controlada que piensas arriesgando "¿Y por qué no medio metro más allá?". 

Si encima ves que el resto del elenco te sigue donde quiera que vayas, ¿cómo no seguir haciéndolo? Se lo debes a ellos y a tu público. 

No eran órdenes de arriba, eran ellas dos hablando. Querían seguir en este Circo para seguir sobrevolando las pistas y agotando entradas. 

viernes, 7 de agosto de 2015

Sombrilla

Ayer dijiste que no te lo dirían, que esperarían a escribirlo. Tenías razón, lo diré yo. Aunque tampoco voy a decir nada que no hayan dicho ya, que no te hayan dicho.

Siguen con el cable y el trapecio preparado; huelen el café y siguen escuchando de fondo la Ser, aunque sea agosto. Han de reconocer que esas nuevas costumbres que tienes de no madrugar ayudan. Levantarse tarde un jueves, aunque haya obreros intentando que no lo hagas, tiene su aquél. Algún día entenderás que tomarse un café a la una también es bien.

Eres un pesado, las dos lo saben, incluso tú, pero haces que sea graciosa esa manera de preguntar. Les gusta. Como también les gusta ese fingir que se cansan y ponen los ojos mirando al cielo. Me han dicho que hasta seguir horarios (ellas, ya ves), tiene su punto. Sentarse sobre una encimera de cocina nunca fue tan divertido como cuando esperan que se haga la comida y el número privado que les brindas. Ahora se me cae un trozo de tortilla o se me olvida apagar la cebolla y, ellas, mientras, aprovechan un ventilador que lleva su nombre.

Ah, también tenéis ratos de playa. Sol, qué susto para ellas. Nudismo, qué susto para ti. Lo mejor es cuando entráis en las piedras y de fondo se os escucha, "ai, quin susto, tots en conill", pero seguís colocando la sombrilla.



lunes, 20 de julio de 2015

Sólo

Saber que mañana será... O no. Dejar las expectativas en alto. Comprender que lo bueno se hace esperar.

Esperar. No importa. Sólo necesitan una llamada al móvil. Sólo un "¿Cómo estás?" Que demanda recuerdos.

Sólo eso. Y es bien. 

sábado, 23 de mayo de 2015

No hay problema

De cuando en cuando, vale la pena levantarse de la cama y escribir. Hay noches en las que recordar es una obligación. También, hay otras, en las que se quiere apagar un reloj-despertador. Mañanas en las que la luz que marca la hora desaparece. Pilas nuevas, dicen que faltan, reloj estropeado en su defecto. Cambio.

Hay ratos de ensayo y acierto, lo del error lo dejamos para más adelante. Llegará, claro, pero las dos están pensando en lo demás; en las ganas de tener un domingo y lo largos que se hacen los miércoles. En las ganas de tener un despertar con la Ser y lo largos que se hacen el resto de días.

¿Solución? Ninguna, porque no hay problema.



sábado, 16 de mayo de 2015

Si supieras...

"Imagina que te beso y no te giras" y, además, "tu ropa es mi peor enemiga". Lo gracioso es que no necesitan pantalones que se tiran al suelo ni sujetadores que aparecen debajo de la cama. No quieren nada más que una puerta que se abre en un quinto piso (y casi sin llamar); una radio descodificada y una mañana con prisas, que se hace tarde. Tarde para el resto. Porque, entre la colcha roja, está todo dicho. Hecho.

"Si supieras lo que te miro a escondidas".

sábado, 18 de abril de 2015

Ratos

Ratos de no tener prisa, existen. Da fe la Funambulista. También hay otros en los que preparan toallas, por si acaso. ¡Qué coño! También, otros, en los que la colada felicita algún momento de la noche anterior, y sale limpia.

Por lo que saben ellas, una más que otra, hay ratos en los que si se chilla, no pasa nada. Nada salvo todo, claro. También tienen alguno de silencio absoluto en los que mirar nunca está de más. Se notan observadas, y les gusta. Poder mirar a unos ojos que te están mirando desde hace un tiempo siempre es una ilusión.

Sí, gastan sus minutos en cosas pequeñas, como papeleras de baño con bolsas o toallitas, saben que las tienen, que están ahí. Son. Alguien ha tenido que ponerlas ahí. No sueñan, ya lo sabemos, con nada que se pueda escapar de sus dedos; y esas pequeñas cosas les alegran la vida.

Lo mismo es el café que sale tarde y silencioso de una cafetera que una mañana con la Ser. Parecido a una noche de buscar contacto, de ronquidos, de buscarse. Decían que esos ratos se asemejaban mucho a llamar a una puerta y que te la abriera la persona que buscabas.

Sin prisas, con ganas, respirando hondo y saltando... En el Cable.

miércoles, 1 de abril de 2015

Resumir

Quizá, como resumen, se quedaban cortas y nunca sabían qué tecla tocar. Siempre quedaban frases no dichas o un "y yo más" cuando miraban al público. No solían contar sus historias mientras tenían por delante a un Prestidigitador, un Saltimbanqui, un Ilusionista y la Dueña cerrando el espectáculo en la pista.

Hacían su número en la función y se recogían. Los aplausos del público eran secundarios, pero se emocionaban al sentir la pista llena de espectadores. Ya lo sabéis, nunca quisieron ser las protagonistas, pero seguían sin despreciar un buen aplauso.

Por lo que sé de ellas, en el Circo, siguen vivas. Intentan sorprender cada noche y buscan nuevos números para sorprender a la gente; que vayan al Circo y no se quieran ir de allí.

De momento, el público es fiel. Cada nueva actuación soporta sus risas y sus desmanes. Las dos se mueven alegres y encantadas por emocionar. Para eso han venido; para hacer acrobacias dentro de una nueva escena que se plantea algo más complicada de lo que decían por ahí.

A pesar de todo, saben que el público les sigue, por eso están felices. No necesitan más, dicen. The show must go on, suponen. Quieren que el Circo siga vivo, aunque sea a cambio de nada. Cueste lo que cueste.

¿Quién sabe? Igual no era tan sencillo resumir. 

jueves, 5 de febrero de 2015

Ahora

Las dos tenían muy claro cuál era el siguiente número. Ahora que sus dos espectáculos estaban unidos, sólo había una salida. Mientras una hacía contener el aliento desde el cable, ése que siempre había estado preparado para ella, la otra tenía las telas dispuestas para prepararle el camino hasta el suelo.

Ya no había líos entre la Funambulista y la Trapecista, el objetivo estaba claro. Ahora una arriba, después, la otra recogía los restos del espectáculo. Estaban compenetradas, una se dejaba llevar por el cable y la otra controlaría la posible caída. 

Las dos iban en la misma dirección, aquello sí que fue un cambio; no importaba la escena: una playa, una carpa de circo o un hotel. Ambas sabían cómo rescatarse al terminar la función. Tampoco tenían otra salida. 

jueves, 15 de enero de 2015

Y todo se apaga. O no

Estaban esperando el número final, pero sabían que nunca iba a producirse; ya se sabe, lo que hoy es terremoto, mañana son sólo daños colaterales.

Algunos pensaban que la vela se apagaba, ellas pensaban que no se había encendido la mecha. Todavía. 

sábado, 6 de septiembre de 2014

Todo

Todo es nada, Todo es un momento entre paréntesis, igual Todo es un rato. Sólo eso y, quizá, menos mal. Está bien tener un rato en el que los diagramas, las encuestas y las cifras del paro no importen. La Funambulista está cansada de no saber, de hacerse la ignorante, de luchar contra cifras que no llevan más que a la desilusión constante. No quiere más diagramas que marquen su tristeza, ella sola se basta.

Todo es ya, Todo es ayer, supone que Todo será mañana. Fin. No obstante hay cosas que se empeñan en ser, en su día a día, y le alegran. La Funambulista, tensado ya el cable y con el ensayo general hecho, va iniciando el recorrido. Nunca ha dicho que sea feliz, aunque no pide más, tampoco menos. Va viendo, aguantando los aires que desestabilizan, soportando aquello que le devuelve al cable. Allí está bien, se siente segura.

Supone que no sabemos nada, pero tiene Payasos que le alegran, Motoristas que se inmolan, Dueñas que la quieren y Trapecistas que la entienden, con eso le vale. El Circo es lo que tiene, son una gran familia.

Aunque no sepamos Nada, sentimos Todo.


domingo, 20 de julio de 2014

Vale ya

Ya está bien, siempre son los malos los mismos. Cansadas andamos de palestinos-kamikazes y de menos mal que tenemos a Israel. Vale ya de medias tintas, vale ya de ataques infundados a Podemos. Vale ya de todo.

Por eso ellas viven mejor entre cables, sin nadie que les recuerde que mañana es 21 de Julio. Vale ya, por favor. Como todos, habréis de asumir miedos; aceptar que entre derecha e izquierda viene alguien pegando fuerte. Vale ya de ataques idiotas y malintencionados que únicamente surgen del miedo a lo que nos puede ser arrebatado (desde el poder, digo). Con lo a gusto que estábamos nosotros mandando. Vale ya de teorías venezolanas, vale ya de subterfugios inventados. Dad la cara, es todo mucho más fácil.

Asumid que no lo hicisteis bien, que se os comen, pensad (si queréis, que no lo necesitamos, en cómo volver. Si os apetece). Pero dejad de despreciar a todo un pueblo que se nota, que respira. Una marea de gente que no quiere dueños. En eso ellas están de acuerdo.

Se niegan a identificarse con nadie más que su cable o trapecio, pero no están dispuestas tampoco a esperar el susto que deje a la cultura muerta (de risa).



domingo, 13 de julio de 2014

Sábado noche, nadie esperando más allá de la red, todo en orden. Era bueno disfrutar de una noche de descanso en pleno mes de julio. Todos en sus casas y ellas en la roulotte, la semana que viene ya vendría.

Dejaron de lado los estiramientos previos y las comprobaciones de cable y trapecio. Hoy era día de fiesta, hoy nadie iba a venir con "en dos minutos salís", aunque fuera la dueña.  

viernes, 27 de junio de 2014

El circo sigue....



Dicen que escribir en caliente nunca es buena idea, quizá tengan razón. No obstante, ya hace días que las dos se lo veían venir. La jefa acabaría dando un golpe sobre la mesa, pretendía reponerles el sitio en el circo, el que ella pensaba que merecían ocupar, pero sin que ellas lo hubieran pedido.

Es cierto, todo giraba entorno a ellas, lo sabían, pero sin mal ambiente entre todos los que conformaban el circo. Mañana la roulotte saldría en busca de nuevos escenarios y las dos tenían claro que el cable y el trapecio no iban a quedarse en tierra, esto es el circo, amigos. Ellas venden. Pero no sólo eso, ellas hacen respirar al circo, lo tenían claro. Por eso aquel toque de atención a los circenses de la dueña-que-no-manda lo recibieron como un halago, pero también como un intento de ella de querer ser-ahí sin saber que no se puede entender nada si no se prepara el acontecimiento. Se vive. Quizá nunca llegue, pero hay que estar preparados.

Le dijimos a los demás que no ataran los hatillos y se fueran. Eran necesarios, los necesitábamos a todos. No se puede montar un circo con una colgada y una triste que no quiere cables, tampoco sin una mano firme que ponga orden, o que desordene, más bien (sigue sin saber nada). Estamos todos en el mismo barco y hemos de llevar el circo adelante, con la ayuda de todos los circenses.

Tenemos más espectadores que el resto, no lo negamos, pero sabemos que sin aire no se puede vivir.

Sí, nosotras somos las elegidas, nos gusta, además, pero no queremos estar solas en esto.



viernes, 20 de junio de 2014

Mirar desde abajo

Estaban convencidas. Llegaron a la misma conclusión las dos. El circo aumentaba, pero todo giraba entorno a ellas. Todos venían a ver su espectáculo, y de paso al resto.

Querían potenciar sus números, nuevas acrobacias con cable y trapecio. Se devanaron los sesos buscando qué modificar. El Prestidigitador avisaba que no iba a estar, el resentimiento del Payaso triste no era motivo para parar. El Domador debía salir del circo, siempre dijimos que no queríamos animales-fieras en estas pistas. El Mago no terminaba de funcionar.

Necesitaban remodelar la plantilla. Gente que no fuera a mirarlas desde abajo, esperando, con miedo. Todos ellos habían levantado la cabeza para ver lo que, se suponía, era una rutina; hacer lo que se sabe hacer, cada noche. No lo entendían, todo estaba controlado, el cable y el trapecio.

No obstante, el Prestidigitador pensaba que las engañaba, el Payaso que nunca lo verían y el Domador las miraba desde una jaula que creía su cárcel. Ellas sólo pretendían mostrar lo que podían hacer, sin juicios ni espectadores.

Mirar desde abajo nunca muestra lo que pasa antes de saltar a la red o el trapecio. Sólo es esperar. Todos ellos hablaban de su miedo, nunca pensaron en los suyos. No las querían ver caer, pero tampoco pensaron en lo que un fino cable supone. Tampoco lo que puede ser olvidarse del público, lo que es hacer lo que se quiera cuando se preste el momento.

Señores circenses, relax. No sabotearán sus respectivas actuaciones, que no se vaya el Prestidigitador y que el Payaso recobre su nombre. Del Domador sólo dirán que tenga a sus fieras más que bien cuidadas, que se cuide también.

El resto de circenses también son bienvenidos. Todo lo que sea quitar protagonismo a la Funambulista y a la Trapecista, que no se empeñen en mirarlas desde abajo, es una novedad.

Miradlas a los ojos. Que os dejen. Es la única premisa.

sábado, 7 de junio de 2014

Obrigado

La funambulista siempre quiso decir "obrigado", esperaba tener un público portugués. No busques explicaciones, con ella iba el fado. No era ser triste, era ser fado. Lo consiguió aquella noche, todos lloraron sin que ella se descolgara del cable, aguantó, aguantamos.

"Obrigrado", dijo.Y una vez más, nadie la supo entender. 

viernes, 6 de junio de 2014

Más circo

Eran días de descanso. El Circo estaba muerto. Las dos se lo tomaron con la suficiente calma, como para no dejar de ensayar. No importaba este standby, ni los días de demora. Seguían ensayando como hasta hoy, con la sola intención de perfeccionar la técnica. Siempre se lo decían "eres buena en lo tuyo", "me encantaría saber hacer lo que haces". Mientras, las dos iban maquillándose, haciéndose confesiones que no vienen al caso. 

Ellas vivían, no necesitaban nada más. Ni prestidigitadores, ni payasos cojos. Sabían dónde estaban. Las telas y los cables no les impedían ver el bosque. Algún compañero les dijo que se andaran con ojo, siempre hay alguno que te pone los pies en el suelo. Ellas seguían tranquilas, sabían que lo que estaban haciendo sólo llevaba a un número final. 

Se iban peinando, se aconsejaban. "Ya has salido demasiadas veces", "Me falta la última función", "Mañana no habrá nadie", "Nadie son demasiados", "No vas a querer escucharme", "No sé por qué seguimos hablando".

Las dejé justo en ese momento. Pero me enteré de que salieron las dos a escena. Nadie había, pero estaban todos. Todos las querían ver improvisar. No diré que fue el gran momento, pero no estuvo mal. 

sábado, 11 de mayo de 2013

Venganza(s)

A veces, caer es una obligación más. Sentirte tan alto como para mirar al resto del mundo desde el cable, sólo conlleva esperar el momento de la caída. Sin dramas, sin ambulancias recogiendo los cuerpos, simplemente tú mirándote a un espejo. Lo único importante es ese tú que se sabe derrotado y nadie más.

No se esperan coronas de flores, ni plañideras a las cinco, justo cuando las campanadas de la iglesia avisan misa de muertos. Todo es mucho más fácil, incluso hay veces en las que resulta ridículo cuando lo repiensas a la mañana siguiente. Sólo se necesita una noche avanzando hacia la mañana, un tú que pide salirse de ti, una canción triste y cinco minutos para pensar hacia dónde se dirige tu vida. Sólo eso, nada más. Todo al alcance de la mano, al menos, de la mía.

Me empeño en demostrar que soy alguien triste y lo cierto es que no sé de dónde me viene la costumbre. Nunca fui una niña solitaria, tampoco una adolescente sin amigos que sólo quería odiar al mundo. Me recuerdo feliz, incluso divertida; la típica chica que se ríe y consigue hacer reír a los demás. Y me cuesta, me cuesta reconocerme en aquello y, aún hoy, en cada una de las conversaciones en las que terminamos riéndonos todos.

Me cuesta porque no me veo y sólo consigo desdibujarme o intuir una silueta malpeinada a la que agarrarme. Sé que no es el final (ni siquiera el principio), nada termina porque nada empieza marcándose la casilla de salida o el camino hacia la meta.

No importa, supongo, y ahí está la venganza (contra mí, contra todos, contra nadie). Voy, vamos, vas... Esa es la idea, creo.





domingo, 7 de abril de 2013

Moradura

Anoche sentí ese moratón que tú jamás me harás. Volví a notar el dolor que se siente cuando te das en ese punto exacto, que no es buscado pero que sabe hacerse notar. No voy a mentirte, también tuve ante mi rodilla maltrecha un beso, un labio, que me dijo que pronto sanaría.

Alguien vino, me besó y me dijo que esa marca de la rodilla pronto se borraría; pero acabó por ignorarla, hizo como si no existiera. Yo terminé por ignorarlos a ambos, a la marca y a él.

Ayer la sentí y dolió comprender que no la habías provocado tú, no estabas. Esperaba poder explicarte el por qué, pretendía darte todas las explicaciones; demasiadas, como casi siempre. Pero resultó que sólo pude dárselas a él; a ése él que nunca podrá entenderme porque no le permití entrar en mi vida, sólo en mi cama.

Le dije que son demasiados golpes, que tanto moratón no debe ser sano;  pero no contestó con tu risa, sólo con un beso mal dibujado en una rodilla que no necesitaba más excusas.

Sí, ayer tuve unos labios que besaron mis heridas, pero sigo esperando los de verdad. 

domingo, 10 de marzo de 2013

Jaredí del autocastigo


Supongo que lo peor de todo es el autocastigo y lo tengo comprobado. No por nada, sino porque nunca se tiene claro, al cien por cien, la cantidad de culpa que se ha de asumir, tampoco la pena a imponer(se). Imagino que es por el hecho de ser uno mismo juez y parte y las pocas ganas que tenemos, después de un día largo, de aguantar más calvarios.

Si el autocastigo fuera realmente útil o provechoso, seguro que alguien habría montado ya un negocio entorno a él; en el mundo en el que vivimos, hasta eso podría ser rentable. No sé, imagino un anuncio tipo "No más noches en balde pensando tu propio castigo. Confía en nosotros, te solucionamos la papeleta buscando un castigo apropiado para ti". Pero eso me suena más a publicidad de banco que a momentos a solas con uno mismo.

No te equivoques, soy una acérrima del autocastiguismo, lo practico constantemente. Podría ser la jefa del banco, si existiera, y la que marcara mis propios pasos; pero también, una especie de jaredí que siguiera la senda marcada y que únicamente se dedicara a reandarla.

La clave es ésa, soy la jaredí atípica. Nadie viene a imponerme nada porque ya lo hago yo por ellos. Repito rutinas diarias que no sé cuándo llegué a adquirir ni dónde piensan llevarme. Las sigo como a cualquier libro sagrado y me empeño en pensar, vanamente, que el resultado será distinto con cada luna llena.

Me engaño pensando que no sigo un patrón de conducta, que no le he de rendir cuentas a nadie. Trato de imaginar que los sábados por la noche a solas los he elegido yo pero, al final, sólo me encuentro conmigo. Sí, detrás viene el autocastigo. Ése del que sólo se es consciente cuando lo tienes encima y del que no sabes cómo salir, con anuncios o sin ellos; ése que te muestra que tu inverno "no dará paso a ninguna florida primavera y que ésta no precederá a ningún verano invencible"

p.d. "Autocastigo", de Kutxi Romero http://elsentirnosesiente.blogspot.com.es/2013/01/autocastigo-kutxi-romero.html



martes, 5 de marzo de 2013

Fin del contrato

Fui a encontrarme con ella porque me había mandado varios mails, y alguna que otra carta, diciéndome que teníamos que hablar sobre mi aumento de responsabilidades y dónde podría encontrarla. Del sueldo, ya hablaríamos en otra ocasión. No defraudé a la jefa. Aquella tarde puse todo mi empeño en cada paso: me duché y peiné (para variar), elegí la ropa e incluso me maquillé un poco; después, me encaminé a su oficina.

No sabía cómo reaccionaría, tampoco cómo se lo diría. Construía monólogos en mi cabeza, incluso diálogos, que terminaba rechazando por inverosímiles. Pretendía asumir la inminencia de sus ojos a tan sólo un metro de mi cara, centrados en los míos, y nuestras reacciones.

No me hizo esperar, de hecho, me abrió los brazos cuándo me vio llegar por aquella puerta estrecha de la oficina. Hipócrita, me preguntó que cómo estaba y qué andaba haciendo. Yo ya lo intuía, todos aquellos diálogos imaginarios no se corresponderían con la realidad de después. Esfuerzo inservible, me repetía mientras le tendía la mano. Eres gilipollas, le decía por dentro al darle los dos besos.

Allí estábamos, la una frente a la otra y yo nerviosa por la entrevista. No le había hablado a nadie de nuestro encuentro, primer error; y no pensaba contar los detalles tampoco, segundo. Expectante por lo que la jefa quería delegar en mí, sólo pensaba en estar erguida, que las manos no me temblaran y conseguir hablar con esa gracia que se finge en todas las entrevistas.

"No falles, que no es el momento", "Piensa que de tus ahoras depende tu futuro..." Y yo seguía allí sin saber qué maravillas contarle sobre mí a esa señora para engañarla.

A diferencia de muchos españoles, no luchaba por un contrato indefinido, sino, más bien, por un despido. Buscaba un "hasta siempre, te echaremos de menos" y una recomendación que llevarme bajo el brazo; ésa que asegurara que Soledad ya nada tenía que hacer conmigo en su empresa, que no había conseguido exprimir lo mejor de mis mejores años... Buscaba una carta que dijera que seguía siendo apta para todo, menos para ella.