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martes, 29 de noviembre de 2016

Que alguien te respire

La Funambulista no sabía lo que era que alguien te prestara tanta atención hasta el otro día, y mira que ya llevaba números a su espalda. Creo que fue el domingo, y ella algo imaginaba. Pero aquel "¿Te preparo una tortilla?" del Chico Para Todo, la dejó sin palabras, compuesta y con novio.

Que alguien te mire así mientras estás en el cable y que al bajar te haga respirar de esa forma, sólo significa que no hay más remedio que quererle.

P.D: No hay nada mejor que alguien te respire. Y que te inspire.

viernes, 2 de octubre de 2015

Suerte

Sigue el Circo, continúa la fiesta y las dos siguen tentando a la suerte. Mañana será otro día, les han dicho, mañana será volver a verte. Reencontrar ese tiempo de cable y trapecio, con más público, eso también. Suerte que mañana será mañana.

Suerte que ninguna la necesita.

miércoles, 1 de julio de 2015

Ola de calor

Todos, en el Circo, llevaban una semana inquietos. "Hoy no se podrá soportar estas temperaturas aquí dentro", "La primera ola de calor nos ha pillado desprevenidos". Todos se quejaban del calor. ¿Todos?

Ellas seguían preparando la función; llevando el ventilador hasta la cocina, si hacía falta. Preparaban nuevo salto o voltereta. Les gustaba, sí, mucho. Que entraran a verlas era la mayor recompensa. Dentro, hasta el último segundo; que entraran. Eso les hacía sentir aquello que jamás confesarán, me contaron.

Seguían pensando que el público se cansaría de ellas; que no había mucho más que mostrar y que todo aquello terminaría hartando al espectador. Era su única preocupación; el momento de ver la grada vacía. Había más espectáculos que visitar.

Mientras, continuaban preparando la función. Intentaban que la novedad fuera un aspecto más del número y que la última declaración tuviera algo de calado. Seguían bien, estaban contentas. Eso pensaban cada mañana al abrir los ojos; también "¿cuándo será la próxima actuación? ¿Hará calor?".

Les esperaban con ganas, sin preocuparse por el resto del mundo. No había nada que ocultar, tampoco que contar. No había porqués que dieran una clave concreta ni un "y todo eso pasó", más allá de citas o recuerdos; Ella(s), simplemente, lo vivieron.

Esperaron tal y como no se les había prometido  y, Quién sabe? Igual? #PoquesGanes #JaHoEscric

domingo, 8 de febrero de 2015

Bonito

Saber que no estaban solas era bonito, aunque lo bonito eran los pequeños detalles. Un buenos días al despertar o un cómo va todo a media tarde. Entre ensayo y función, siempre se podía sacar rato para aprovechar y hacer un picnic entre cuatro paredes.

Bonito era no contar minutos ni acordarse del móvil. Bonito era madrugar, aunque fuera un martes. Bonito era volverse locas con las cortinas corridas a las cinco de la tarde. Bonito era apagar una luz para abrir una ventana. Bonito era que una rampa interrumpiera. Bonito era cuando se ponían escandalosas y despertaban al resto del circo.

Bonitas eran muchas cosas, pero Bonito era... Él.


viernes, 19 de diciembre de 2014

Mis trasticos


Nunca pedían nada inalcanzable. Sólo las pompas de jabón determinaban el momento inexacto de la destrucción, o no.

Si había algo que las definía era, váyase usted a saber por qué, los broches; no importaba si eran búhos o burros. ¿Qué más? Les gustaba mirar el fuego, que no a los ojos. De ahí tanta vela.

Tenían un boli morado por el que se peleaban, unas gafas de miope que no quería ninguna y, también, un destornillador que sólo servía para dejar claro que no se habían peinado, pero disimulaban. Por lo visto, también tenían los pendientes de domingo. Nunca sabremos para qué día fueron destinados el resto, los monstruos.

Los pintauñas de colores sólo disimulaban las grandes pompas de jabón; ésas que, al final, salen del pompero sin saber por qué. Las mismas por las que soplas una vez más esperando una respuesta diferente.

No son las mismas en las que que la magia se pierde; son ésas en las que miras un pompero, y sabes lo que se ha de hacer, esperar la magia.

No descubriremos nada, la magia está servida. En sus manos lo dejan.


viernes, 21 de noviembre de 2014

Contentos

Hay días en los que las dos necesitan que el sol salga por el oeste, pero también los hay que no están pensados, se desarrollan. Hay días de cama, otros, de café. También los hay de cervezas. Días que son momentos. Todos valen.

Como no saben hablar, escriben. Como tienen tiempo entre actos, imaginan. "Todo está en equilibrio", dice la Funambulista. "Las telas están preparadas", contesta la Trapecista.

El Circo sigue. Todos están contentos. 

jueves, 10 de julio de 2014

Un rato

Nunca sabría decir cómo pero la Funambulista saltó sin red de fondo, eso era lo mejor. Consiguió llegar al otro lado sin prisas, sin respiraciones contenidas. Llegó la noche y dijo que sí, se descargó del peso y miró al cable; hoy era el momento y suponía que el público sería escaso, eso también iba a ser de lo mejor de la noche.

Sólo un punto en la espalda iba a ser el símbolo de la derrota, todo lo demás había sido triunfo. Sólo una marca que, como ella ya sabía, tardaría unas semanas en desaparecer. El precio por fumar, ya se sabe. Balcón abierto y luz en la mesita desembocaba en picadura sin necesidad de preguntarse por qué.

Como resumen era poco; se dejaba las risas, el agua caliente de una bañera, las conversaciones entrecortadas, los libros, las frases que quedaron a medias, las preguntas que no se llegaron a pronunciar. Estaba bien, no obstante. A pesar de los mosquitos, parecía que todo había funcionado sin necesidad de red.

P.D. A veces, sólo eso funciona, y no está mal. Aunque sólo sea por un rato.

sábado, 5 de julio de 2014

Ausencias

Sus ausencias nunca duraban más de un segundo. Sólo eran susto, sólo un no-volver-a-la-realidad, el tiempo suficiente para que el susto llegara. Nunca explicaba qué significaban, pero decía mucho con aquellas no-palabras.

Suponía la Trapecista que eran los momentos en los que la Funambulista buscaba una realidad inventada, que nunca tendría sentido. No lo buscaba tampoco, le comentó. Iba a disfrutar con los ojos cerrados, con el cable cerca pero sin red, tampoco nos pasemos. Ella había nacido para el Circo y había ciertos límites que no estaba dispuesta a sobrepasar.

No se iba a dejar engañar, tonta tampoco era. Los ojos cerrados sólo se mantendrían mientras ella quisiera; el resto del Circo sólo le iba a servir de consuelo cuando llegara la caída. Porque sabía que llegaría, no había más opción. Por eso escribía, siempre supo decir más escribiendo que hablando; tampoco sabía manejar unos ojos mirándole de cerca.

No, amigos, la Trapecista estaba convencida de que la Funambulista no aguantaría ningún cable sin su previa supervisión; sabría qué hacer y cómo manejarlo. Por ese lado estaba tranquila. Lo que realmente le preocupaba eran aquellas ausencias, aquellos momentos en los que no estaba y volvía como si nada. Cuando todos aplaudían y ella no sabía por qué.








viernes, 27 de junio de 2014

El circo sigue....



Dicen que escribir en caliente nunca es buena idea, quizá tengan razón. No obstante, ya hace días que las dos se lo veían venir. La jefa acabaría dando un golpe sobre la mesa, pretendía reponerles el sitio en el circo, el que ella pensaba que merecían ocupar, pero sin que ellas lo hubieran pedido.

Es cierto, todo giraba entorno a ellas, lo sabían, pero sin mal ambiente entre todos los que conformaban el circo. Mañana la roulotte saldría en busca de nuevos escenarios y las dos tenían claro que el cable y el trapecio no iban a quedarse en tierra, esto es el circo, amigos. Ellas venden. Pero no sólo eso, ellas hacen respirar al circo, lo tenían claro. Por eso aquel toque de atención a los circenses de la dueña-que-no-manda lo recibieron como un halago, pero también como un intento de ella de querer ser-ahí sin saber que no se puede entender nada si no se prepara el acontecimiento. Se vive. Quizá nunca llegue, pero hay que estar preparados.

Le dijimos a los demás que no ataran los hatillos y se fueran. Eran necesarios, los necesitábamos a todos. No se puede montar un circo con una colgada y una triste que no quiere cables, tampoco sin una mano firme que ponga orden, o que desordene, más bien (sigue sin saber nada). Estamos todos en el mismo barco y hemos de llevar el circo adelante, con la ayuda de todos los circenses.

Tenemos más espectadores que el resto, no lo negamos, pero sabemos que sin aire no se puede vivir.

Sí, nosotras somos las elegidas, nos gusta, además, pero no queremos estar solas en esto.



martes, 17 de junio de 2014

Merendar en las nubes

¿Merendar en las nubes? Jamás practicó para eso. ¿Salir con una red de fondo? No tenía ningún sentido. Las dos se empeñaban en demostrar que las redes no servían para nada, que estaban por puro decorado.

Los demás las esperaban abajo, aguantando el aire durante su número. Es posible que los demás lo pasaran mal, pero ellas habían crecido entre cables y engaños. Un número más no iba a suponerles el salto al vacío. Siempre que saltaban tenían a alguien mirando, con la respiración contenida y el susto en el cuerpo. Amigos circenses, no son tontas, saben el suelo que no pisan.

Que no se paren las rotativas pero que se encienda la magia, que venga el Mago. Algunas veces llega y es real. Era el tipo que faltaba en el circo. Tuvimos a un  Prestidigitador que sólo pretendía contentar a todos con su mentira. Un payaso triste que se quería vender a las fieras.  Ilusionemos al público con que puede ser real. Otros vendrán a decirnos que no, que nuestro tiempo pasó hace algunos años. Pero ahora no podrán evitar el futuro. Que me lo cuenten, todos ellos, que saquen de la chistera algún momento mágico.

Siguen sin querer merendar en las nubes, tampoco que les alargues el cable, ellas son así. No tienen necesitad de nadie hasta que la tienen. Sé que no esperan nada más allá de un mañana. Necesitan a gente para montar el Circo.

 Necesitan que te lances, que vengas  de cualquier manera, y montarlo. A su manera, el Circo. #TheShowMustGoOn


sábado, 11 de mayo de 2013

Venganza(s)

A veces, caer es una obligación más. Sentirte tan alto como para mirar al resto del mundo desde el cable, sólo conlleva esperar el momento de la caída. Sin dramas, sin ambulancias recogiendo los cuerpos, simplemente tú mirándote a un espejo. Lo único importante es ese tú que se sabe derrotado y nadie más.

No se esperan coronas de flores, ni plañideras a las cinco, justo cuando las campanadas de la iglesia avisan misa de muertos. Todo es mucho más fácil, incluso hay veces en las que resulta ridículo cuando lo repiensas a la mañana siguiente. Sólo se necesita una noche avanzando hacia la mañana, un tú que pide salirse de ti, una canción triste y cinco minutos para pensar hacia dónde se dirige tu vida. Sólo eso, nada más. Todo al alcance de la mano, al menos, de la mía.

Me empeño en demostrar que soy alguien triste y lo cierto es que no sé de dónde me viene la costumbre. Nunca fui una niña solitaria, tampoco una adolescente sin amigos que sólo quería odiar al mundo. Me recuerdo feliz, incluso divertida; la típica chica que se ríe y consigue hacer reír a los demás. Y me cuesta, me cuesta reconocerme en aquello y, aún hoy, en cada una de las conversaciones en las que terminamos riéndonos todos.

Me cuesta porque no me veo y sólo consigo desdibujarme o intuir una silueta malpeinada a la que agarrarme. Sé que no es el final (ni siquiera el principio), nada termina porque nada empieza marcándose la casilla de salida o el camino hacia la meta.

No importa, supongo, y ahí está la venganza (contra mí, contra todos, contra nadie). Voy, vamos, vas... Esa es la idea, creo.





martes, 5 de marzo de 2013

Fin del contrato

Fui a encontrarme con ella porque me había mandado varios mails, y alguna que otra carta, diciéndome que teníamos que hablar sobre mi aumento de responsabilidades y dónde podría encontrarla. Del sueldo, ya hablaríamos en otra ocasión. No defraudé a la jefa. Aquella tarde puse todo mi empeño en cada paso: me duché y peiné (para variar), elegí la ropa e incluso me maquillé un poco; después, me encaminé a su oficina.

No sabía cómo reaccionaría, tampoco cómo se lo diría. Construía monólogos en mi cabeza, incluso diálogos, que terminaba rechazando por inverosímiles. Pretendía asumir la inminencia de sus ojos a tan sólo un metro de mi cara, centrados en los míos, y nuestras reacciones.

No me hizo esperar, de hecho, me abrió los brazos cuándo me vio llegar por aquella puerta estrecha de la oficina. Hipócrita, me preguntó que cómo estaba y qué andaba haciendo. Yo ya lo intuía, todos aquellos diálogos imaginarios no se corresponderían con la realidad de después. Esfuerzo inservible, me repetía mientras le tendía la mano. Eres gilipollas, le decía por dentro al darle los dos besos.

Allí estábamos, la una frente a la otra y yo nerviosa por la entrevista. No le había hablado a nadie de nuestro encuentro, primer error; y no pensaba contar los detalles tampoco, segundo. Expectante por lo que la jefa quería delegar en mí, sólo pensaba en estar erguida, que las manos no me temblaran y conseguir hablar con esa gracia que se finge en todas las entrevistas.

"No falles, que no es el momento", "Piensa que de tus ahoras depende tu futuro..." Y yo seguía allí sin saber qué maravillas contarle sobre mí a esa señora para engañarla.

A diferencia de muchos españoles, no luchaba por un contrato indefinido, sino, más bien, por un despido. Buscaba un "hasta siempre, te echaremos de menos" y una recomendación que llevarme bajo el brazo; ésa que asegurara que Soledad ya nada tenía que hacer conmigo en su empresa, que no había conseguido exprimir lo mejor de mis mejores años... Buscaba una carta que dijera que seguía siendo apta para todo, menos para ella.





sábado, 2 de marzo de 2013

Epi

Nunca tendremos un prólogo escrito en un libro ni sabremos cuándo se unió el lazo. Nunca sabremos la mañana en la que empezamos a compartir cafés. Me suena que fue hace mucho; tú intentabas mirarme a los ojos, como ahora, mientras yo rehuía tu mirada, como sigo haciendo. De todas formas, no te puedo engañar. Sé que sabes, siempre, mucho más de lo que te digo; que vas mucho más allá con cada no-mirada que te dedico y con todas las que te esquivo. Consigues descubrir todo lo que intento esconderte y no sé por qué sigo intentando hacerlo. Nunca me sirve de nada. 

Supongo que fue eso, lo que no nos alejó, irremediablemente, nos fue acercando. Tus ojos en mis gafas, los míos en tu pelo revuelto. Mis manos dándote un cigarro cada mañana, las tuyas aceptándolos con promesas de que algún día seremos felices. Sé que eras, eres, sincera y que, realmente, lo esperas. Mientras tanto, nos vamos conformando con días grises, con canciones tristes que nos ponen contentas (me encanta pensar que la gente no lo entiende), con horas de conversaciones que vamos llenando de silencios, de no decir nada nuevo, pero que suenan siempre distinto. 

Tuvimos  la suerte de cruzarnos a tiempo, aunque el sendero se empeñara en marcarnos el camino a casa. Conseguimos mantenernos a salvo, en aquella soledad compartida, durante los días en los que Caperucita era incapaz de esquivar al Lobo. 

Hoy todo ha acabado, dicen. Tú no te lo crees y yo me empeño en no hacerlo. Sí, las dos lo intentamos: luchamos para ignorar que Cronos (después de todo) se ha comido a Zeus, que el tiempo es sólo un regalo envenenado de unos dioses que no nos quieren. Esto no ha hecho más que empezar... Seguimos gritando, aunque sea por dentro, pero sólo nos vuelve Eco. 

Nos sentimos a salvo entre nosotras de todo aquello que no somos capaces de asumir. Sabemos que nada bueno puede esperarnos cometiendo siempre los mismos errores, pero parece que los repetimos sólo por si acaso.

Sí, hoy he estado pensando. Hace ya mucho de aquello, y sabes que no seré yo la primera que pase página, que rompa esquemas y busque auxilio en otras no-miradas. Sabes que me quedaré un tiempo esperando a Lady Drama; también sé que sabrás a qué se refiere OchoH cuando intente no-explicar todo eso que no sabe cómo contar. 

Supongo que nada tendrá sentido para el resto. Me conformo con que tú entiendas las cuatro líneas que he escrito contigo en el oído. Aunque sólo sea el preámbulo del prefacio del prólogo de la historia...

 

martes, 4 de septiembre de 2012

Septiembre

Será que me espera un año por delante. Será que es Septiembre y que no consigo olvidar que, por primera vez desde hace algunos años,  los horarios han quedado aparcados y que no sé cómo convivir con ello. Será que me asusta no tener nada qué hacer o perder un año de mi vida... Será que sólo me queda acostumbrarme a esta nueva vida sin horarios lectivos autoimpuestos y sin trabajos que presentar. Lo cierto es que, después de todo, me asusta que llegue el año que viene y sentir que he perdido un año de vida... Será que soy Chica de Costumbres y será que me asustan todos los planes que tengo para mí este año y no sé dónde meterme. Serán muchas cosas que no quiero ni pensar... Sí, debe ser todo eso. Pero, por una vez, siento que una parte de mi vida es mía y, al mismo tiempo, por muchos planes que tenga para mí, no les veo ningún sentido...

Así que llámame "porica" porque, una vez más, me lo merezco. Llámame todo lo que quieras, pero esto de hacerme mayor no va conmigo. O sí, no sé... Creo que, en el fondo, sí me parece bien pero, como a tantos otros, me duele y asusta. Esta incertidumbre, esta sensación de que, en cualquier momento, puedo dejarme arrastras sin elegir lo que quiero realmente, es lo que verdaderamente me asusta. No quiero hacer nada que no quiera, pero tampoco sé qué es lo que quiero o espero de mí; así que, lo que en el fondo me asusta, es defraudarme.

Es como estar cruzando el cable de acero y saber que tengo que mirar al frente y seguir caminando... Pero, al mismo tiempo, sé que estoy esperando que el cable se rompa y verme caer para poder aplaudir desde abajo, recoger los restos del naufragio... No sé, al mismo tiempo que sé que hago lo que debo, pienso que no...

Mañana te cuento... O no.


domingo, 5 de agosto de 2012

Como todo...

Como una casa sin dueño. Como un árbol caduco en pleno invierno. Como un niño desprotegido sin su padre. Como un relámpago sin lluvia. Como pollo sin cabeza. Como un coche sin gasolina. Como llamar a un timbre sin que responda una puerta abriéndose. Como un domingo sin nada que hacer.

Como un regalo de Navidad en agosto. Como una playa en otoño. Como una tarde desaprovechada. Como un hielo que se derrite en un vaso. Como querer respirar debajo del agua. Como luchar por algo que, de antemano, se sabe perdido. Como un incienso consumido. Como una cama vacía. Como una vela apagada. Como una llamada perdida. Como intentarlo de nuevo.

Como un mañana sin sol. Como una alegría sin decepción. Como un humo sin fuego. Como un ocho mil sin nieve. Como un invierno sin frío. Como un bufón sin su corte. Como una reina trabajando. Como un político con respuestas.


Como todo sin ti: descolocada. Así me noto.

jueves, 26 de julio de 2012

Sólo por si acaso...

-Mañana no volverá a salir el sol, me lo dijo Anuk antes de salir corriendo.

-Anuk no sabe nada; además, seguro que sólo lo dijo para asustarte.

-Pues lo consiguió. También me dijo que el sol dejaría de salir por el Este cuando los hombres dejaran de mirarse a los ojos.

-Entonces, ¿cómo estás tan seguro de que será mañana el día?

-Porque llevo días observando, mirándonos a todos, y hace ya mucho que nadie se mira a la cara cuando habla. Tampoco tenemos ya nada que decirnos...

-Sí, ahí tienes razón.

-Lo que te digo, mañana el sol no saldrá.

-Entonces, quizá nos convendría despedirnos como es debido.

-Sí, sólo por si acaso...

sábado, 14 de julio de 2012

Estamos jodidos...


Indignada ya no es la palabra, seguro. Es algo que va mucho más allá. Es algo que no se puede explicar con una manifestación o un grito desesperado. Es esa sensación de agonía y podredumbre que tienes mientras ves como el resto del mundo cae, sin remedio, al tiempo que lo haces tú misma. Son ganas de salir corriendo pero sabiendo que tu lugar está aquí, quejándote, llorando, luchando.. como tantos otros. Esto ya no son recortes, tampoco intervención, es exprimir a un pueblo que ya no puede dar más zumo. 

Antes de ayer lo oímos, ayer lo leímos y hoy aún resuenan los ecos, tal y como lo harán mañana o dentro de diez años. Lo mejor de todo es que aún no hemos notado el efecto que todas estas medidas "necesarias", "imprescindibles" y "recomendadas" han de tener sobre nuestra economía, la del día a día. Lo mejor de todo es que hay mucha gente de vacaciones, intentando olvidar que España ya no es un país, sólo una olla a presión que no tiene válvula de escape. Pero, que no se nos olvide, volverá septiembre, implacable, como cada año... Volverá a llenar aulas, oficinas y colas del INEM, y esto último, más que nunca. Todos los recortes de hoy, tendrán consecuencias mañana; me da igual que se llame "más horas de trabajo", "menos sueldo a final de mes" o "este año no hay Navidad". Todo se resume bajo el mismo lema: estamos jodidos. Y que se lo digan a Andrea Fabra...

No se trata, sólo, de hacer dimitir a nadie (aunque debería serlo), no es un discurso de aquélla que ya no entiende nada: la subida del IVA, el cansancio de muchos funcionarios delante de Génova o el grito ahogado de los mineros que retumba desde muchos metros de profundidad... Se trata de esa incertidumbre de vivir. Vivir hoy, porque mañana no se sabe... Saber prescindir de todo porque ya nada está a tu alcance; explicarle a una niña que ya no hay nada, sólo miseria, dolor y miedo. 

Se trata de afrontar el día a día sin tener ningún objetivo más allá de malvivir. A eso estamos abocados todos. No se trata de asumirlo, sino de empezar a levantar la voz como hace algún tiempo hicimos. Despertemos, luchemos... El futuro depende de Ellos, pero, sobre todo, de nosotros y de lo que estemos dispuestos a tragar. Que no se nos olvide. 

A aquéllos que colgaron sus banderas en los balcones hace unas semanas: ¿de verdad que quieren seguir manteniéndolas donde están? ¿Siguen estando orgullosos de un país que, hace ya mucho, se olvidó de ellos y sólo les habla para pedirles "sacrificios" ante el Dios-Mercado? 

sábado, 16 de junio de 2012

Resulta

Resulta que hoy me he enterado que el Calvario no lo padecen las familias que no llegan a final de mes. Resulta que el Calvario lo padece un señor desde hace unos días. Resulta que Dívar vive un Calvario desde que se supo lo de sus viajes a Marbella. Resulta que Dívar es quien va a tomar la decisión determinante. No lo echan, no dará explicaciones; resultará la semana que viene que se va "porque quiere", porque la situación es insostenible. Resulta que se nos olvida que esa situación inaceptable la ha creado él mismo, pero a él le toca decidir.

Resulta que yo ya no entiendo nada. Resulta que quiero salir de aquí sin mirar atrás. Resulta que los profesores de mi instituto están siendo perseguidos por la "inspectora", por llamarla de alguna manera, Nieves García. Resulta que un minero es un terrorista, pero Rato puede cobrar sus millones correspondientes. Resulta que la prima de riesgo ya no se llama Zapatero, pero sigue disparándose día tras día.

Resulta que no hemos tenido un rescate, sólo una "línea de crédito". Resulta que hay personas que viven siete veces mejor que otras en esta mierda de país. Resulta que el enemigo somos nosotros. Resulta que el gobierno no piensa, de momento, subir el IVA y bajar los sueldos; sólo de momento. Resulta, que la semana que viene se lo pensará mejor y sí, subirá y bajarán.

Resulta que estoy cansada de esperar a que lleguen los viernes. Resulta que ya no se puede apretar más el cinturón una persona que ya no puede hacerse más agujeros en él. Resulta que mañana no se podrá estudiar y, mucho menos, ponerse enfermo si eres mayor de 26 y no has cotizado. Resulta que si tienes cáncer o SIDA date por desahuciado, porque no tendrás medicamentos que puedan ayudarte; los recortes, ya sabes.

Resulta que nadie se queja y sólo esperamos un nuevo hachazo. Resulta que seguimos tomándonos cafés en los bares porque nadie nos ha advertido de que el rescate lo hemos de pagar. Resulta que no vivimos por encima de nuestras posibilidades, sólo malvivimos, hasta la semana que viene.


Resulta que todo esto me asusta, pero no tengo escapatoria. Resulta que, como el gobierno que padecemos, no tengo respuestas. Lo más grave es que de mí no dependéis ninguno y que de ellos dependemos todos. 

domingo, 10 de junio de 2012

"Te quiero"

Desnudez infinita ante unos ojos que no ofrecen la respuesta buscada. Segundos que amenazan con no terminar mientras se espera que una boca hable de nuevo.

Ya no valen los besos, caricias o abrazos; ha llegado el momento de los verbos y las acciones. Todo tendrá que ser demostrado y actuado. No obstante, por ahora, sólo sirven dos palabras que no terminan de llegar. 

sábado, 2 de junio de 2012

Luchas y derrotas

Ya no retumba el eco de los tambores, ya pasó la batalla y los combatientes volvieron a su puesto en las trincheras. La sangre derramada días atrás ya se ha secado y alguien se ha encargado de los heridos. Aunque no de todos.

A algunos las cicatrices les tardarán en salir porque las heridas fueron demasiado profundas. A algunos todavía les brota la sangre de tanto en tanto, como recuerdo de una guerra que se sabe perdida. En el fondo, no habrá cura para ellos; aunque, tal vez, se salven y consigan escapar de la muerte algunos años más.

Lo cierto es que la vida, de todos modos, ha terminado para ellos. Aquel dulce horror, escogido de una u otra forma, ya no se borrará de su memoria y con ellos viajará hacia la siguiente lucha. Tal vez, en la próxima contienda corran más suerte y sean ellos los que le arranquen y rompan el corazón a sus adversarios; pero siempre serán conscientes de que el suyo quedó parado un año, una noche o una hora de no importa ya hace cuánto tiempo.