De nuevo días de no dormir. Días abocados a la desesperación de no querer hacer nada y, sin embargo, no poder parar. Días de calor que impiden que te concentres o que te hagas a la idea de ponerte a estudiar. Días de exámenes, un mes interminable que ni siquiera ha empezado.
Ver caras de agobio, no poder entrar en el aula de estudio. Ver gente sin dormir que se mantienen vivos gracias a una infinidad de cafés. Zombies en el metro y en la facultad, cigarros consumidos en los cinco minutos de descanso antes de volver a empezar, nervios a flor de piel y mal humor constante.
Junio siempre se presenta igual. Es ese mes que algunos tememos que llegue, que intentamos olvidar durante el resto del año, pero que regresa imparable cada doce meses. Sabemos que sólo es un mes, pero eso no evita el pensar que no conseguiremos acabarlo. El verano parece ahora más lejano que nunca, aunque en Valencia arda el asfalto y no haya sitio bajo las sombras de los árboles de la facultad. Sólo podemos intuirlo en los calendarios. Para ir a la playa, primero hay que morir temporalmente. Tender a nuestro no ser durante un tiempo para después volver con un ser renovado aunque cansado y falto de horas de sueño.
Ojalá el tiempo no existiriera y pudiera leer y disfrutar todo lo que quiero... En cambio, Bacca, Foucault, los formalistas rusos, Kant, Fichte, Hegel y, como siempre Aristóteles y Platón, se únen a Wittgenstein y Moore para hacer de nuestro junio un mes cronos, pero una eternidad aión.
p.d. Filosofía sí, pero tiempo, por favor...
miércoles, 2 de junio de 2010
sábado, 29 de mayo de 2010
La vida es sueño...o no
Si es verdad que la vida no se mide por el tiempo que se vive sino por cómo se vive...hay gente que apenas ha vivido.
Hay veces en que pienso que yo soy de esas personas que cree vivir aunque realmente lo único que hace es vegetar. Algunos días me despierto con la sensación de que me faltarán vidas para hacer lo que quiero; y otros, en los que me acuesto con la sensación de haber vivido demasiado en pocas horas.
Tal vez el sueño cartesiano sea lo real, tal vez tenga razón aquél que dijo que no vivimos, sino que esperamos vivir o simplemente vivamos sin pensarlo.
Igual Descartes pensaba como yo y se atrevió a crear un sistema sólo para invitarnos, no únicamente a dudar, sino también a plantearnos qué queremos y qué no en nuestra vida. Aunque también puede ser que el genio maligno que nos engaña no sea tan sólo una hipótesis en sus "Meditaciones" y realmente sea nuestro otro yo que nos va poniendo trabas, asustándonos y mintiéndonos para que nos replanteemos la vida.
Sinceramente, no quiero al dios salvador que no me engaña porque es perfecto y como ser perfecto no puede conocer la maldad. Una vida sin tropiezos no puede llamarse vida, sólo vegetar. Quiero que el genio me engañe, llorar y volver a empezar; no un camino de rosas donde la incertidumbre no exista por estar en un mundo lleno de certezas claras y evidentes.
No sé, aunque la vida sea sueño, los sueños sueños son. "Son" es la clave: sueño, vigilia o prisionero, rey como Calderón. Lo que cuenta es que son. Supongo que es más bonito pensar que se está despierto o que se es rey, pero lo que realmente importa es vivir. Mejor vivir como rey, aunque no sepamos diferenciar si soñamos o no. Vivir como despierto a toda costa es lo que cuenta.
No sabemos si despertaremos del sueño o si soñamos, pero creo que lo importante es creernos reyes, sólo por si acaso. Sólo para poder medir la vida por cómo y no por cuánto hemos vivido.
Hay veces en que pienso que yo soy de esas personas que cree vivir aunque realmente lo único que hace es vegetar. Algunos días me despierto con la sensación de que me faltarán vidas para hacer lo que quiero; y otros, en los que me acuesto con la sensación de haber vivido demasiado en pocas horas.
Tal vez el sueño cartesiano sea lo real, tal vez tenga razón aquél que dijo que no vivimos, sino que esperamos vivir o simplemente vivamos sin pensarlo.
Igual Descartes pensaba como yo y se atrevió a crear un sistema sólo para invitarnos, no únicamente a dudar, sino también a plantearnos qué queremos y qué no en nuestra vida. Aunque también puede ser que el genio maligno que nos engaña no sea tan sólo una hipótesis en sus "Meditaciones" y realmente sea nuestro otro yo que nos va poniendo trabas, asustándonos y mintiéndonos para que nos replanteemos la vida.
Sinceramente, no quiero al dios salvador que no me engaña porque es perfecto y como ser perfecto no puede conocer la maldad. Una vida sin tropiezos no puede llamarse vida, sólo vegetar. Quiero que el genio me engañe, llorar y volver a empezar; no un camino de rosas donde la incertidumbre no exista por estar en un mundo lleno de certezas claras y evidentes.
No sé, aunque la vida sea sueño, los sueños sueños son. "Son" es la clave: sueño, vigilia o prisionero, rey como Calderón. Lo que cuenta es que son. Supongo que es más bonito pensar que se está despierto o que se es rey, pero lo que realmente importa es vivir. Mejor vivir como rey, aunque no sepamos diferenciar si soñamos o no. Vivir como despierto a toda costa es lo que cuenta.
No sabemos si despertaremos del sueño o si soñamos, pero creo que lo importante es creernos reyes, sólo por si acaso. Sólo para poder medir la vida por cómo y no por cuánto hemos vivido.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Ingredientes para una felicidad fingida aunque efectiva
-Muchas horas de no pensar
-4 o 5 cervezas
-1 o 2 amig@s
-Una pizca de positividad
-Tener alejados los CD's que te ponen triste
-No escribir (ya sabes que nunca escribes cosas alegres)
-Ocupar tus horas haciendo parecer que estudias
-Cambiar de tema cuando las conversaciones te agobian
-Música alta para no escucharte a ti misma
-No tener tiempo para nada
-Perder el poco tiempo que tienes durante un rato para ir el resto del día corriendo
-Autocomplaciencia en grandes dosis
-Autocontrol en dosis aún mayores que en el ingrediente anterior
-Sonreír sin saber por qué
-Fingir, fingir y fingir que todo va bien.
Tal vez el ingrediente más importante sea este último, aunque cada cocinero puede sustituir algún ingrediente por el que prefiera.
El modo de preparación es sencilo: mezclar los ingredientes que tengas a mano, los que haya en el huerto de tu humor un día cualquiera. Remover durante un par de horas y...listo.
¡Que aproveche!
-4 o 5 cervezas
-1 o 2 amig@s
-Una pizca de positividad
-Tener alejados los CD's que te ponen triste
-No escribir (ya sabes que nunca escribes cosas alegres)
-Ocupar tus horas haciendo parecer que estudias
-Cambiar de tema cuando las conversaciones te agobian
-Música alta para no escucharte a ti misma
-No tener tiempo para nada
-Perder el poco tiempo que tienes durante un rato para ir el resto del día corriendo
-Autocomplaciencia en grandes dosis
-Autocontrol en dosis aún mayores que en el ingrediente anterior
-Sonreír sin saber por qué
-Fingir, fingir y fingir que todo va bien.
Tal vez el ingrediente más importante sea este último, aunque cada cocinero puede sustituir algún ingrediente por el que prefiera.
El modo de preparación es sencilo: mezclar los ingredientes que tengas a mano, los que haya en el huerto de tu humor un día cualquiera. Remover durante un par de horas y...listo.
¡Que aproveche!
viernes, 21 de mayo de 2010
Es la hora...
Seis de la tarde de un día cualquiera. Me dirijo a mi cita, la vida se acelera. Todo puede esperar menos lo que traigo entre manos. Me preparo, un fuerte suspiro me sale de dentro. Preparada. Siento que me adelanto a todo. Los peatones que me cruzo por la calle me molestan. Los aparto a empujones o simplemente los esquivo. Todo va mucho más lento de lo normal. Tal vez sea yo la que va demasiado deprisa. Pero tengo un motivo para ir rápido. Mi futuro me espera en sólo cinco minutos. Llego tarde. Acelero, casi corro. No puedo pasar, sé lo que está por venir. Giro una esquina. Me encamino por una calle. Más personas, más tráfico. Corro. Tengo que llegar a tiempo. Ojalá se parara el tiempo. Es el único que va más rápido que yo. Lucho corriendo. Respiro. Intento no pensar en el dolor de piernas. Sigo corriendo. Me quedan dos minutos de tiempo. Llego tarde. No sé si esperará. Acelero. Casi no veo a la gente con la que me cruzo. Sólo manchas que se mueven. Me ahogo, pero sigo corriendo. Un minuto, pero necesito cinco. Quiero llegar. Coger el futuro con las manos. Tocar. Sentir. Respiro. Respiro. Respiro. Es la hora. No llego. No he llegado. Me detengo. No puedo hacer nada. Respiro y me deshincho. Ya no merece la pena correr. Llego tarde. Se ha hecho tarde. Tarde como siempre. Tarde como nunca.
Respirar
Miro la luna y me imagino en un bar triste, lúgubre y lleno de humo. Me veo sentanda esperando a que aparezca en la puerta una figura desconocida que se dirija a mí y se siente en mi mesa. No quiero hablar, sólo sentirme acompañada y observar a los bebedores contarle sus miserias al camarero mientras la vida sigue pasando trago a trago.
La noche empieza a amenazar con convertirse en día y yo sigo sintiéndome sola en un bar al que no habría entrado nunca de no ser por la música jazz y blues que repica en cada copa. Miro mi cerveza, enciendo otro cigarro y espero que este último trago calme lo que llevo acallando durante meses en mi cabeza. Espero que todo se borre, que cada miembro se descontrole y que, por fin, todo sea locura. Abandonarme a la sensación de libertad, comprender que nada de lo que hago importa, sentirme feliz durante unos instantes para volver, mañana, a la vida renovada. Levantarme sin resaca y pensar que todo va a ir a mejor (seguir engñándome) y olvidarme de quien soy y de quien pude ser alguna vez. Sólo vivir, sólo respirar.
La noche empieza a amenazar con convertirse en día y yo sigo sintiéndome sola en un bar al que no habría entrado nunca de no ser por la música jazz y blues que repica en cada copa. Miro mi cerveza, enciendo otro cigarro y espero que este último trago calme lo que llevo acallando durante meses en mi cabeza. Espero que todo se borre, que cada miembro se descontrole y que, por fin, todo sea locura. Abandonarme a la sensación de libertad, comprender que nada de lo que hago importa, sentirme feliz durante unos instantes para volver, mañana, a la vida renovada. Levantarme sin resaca y pensar que todo va a ir a mejor (seguir engñándome) y olvidarme de quien soy y de quien pude ser alguna vez. Sólo vivir, sólo respirar.
jueves, 13 de mayo de 2010
Hoja en blanco
No sé qué tengo en la cabeza, pero me encanta empezar hojas nuevas, tanto de libreta como folios. Me esmero en volver a hacer la letra inteligible y me reclino sobre la mesa para concentrarme de nuevo en lo que estoy copiando o escribiendo.
Luego, a medida que avanzo sobre la hoja y ésta se va consumiendo, me vuelvo a abandonar. Ya no importa escribir bien o bonito, sólo acabar la página para empezar otra.
Es, más o menos, la misma situación que cuando empiezo el día (o cualquier actividad nueva). Empiezo con ganas y decidida, pero eso sí, nunca sé cómo acabarlo.
Luego, a medida que avanzo sobre la hoja y ésta se va consumiendo, me vuelvo a abandonar. Ya no importa escribir bien o bonito, sólo acabar la página para empezar otra.
Es, más o menos, la misma situación que cuando empiezo el día (o cualquier actividad nueva). Empiezo con ganas y decidida, pero eso sí, nunca sé cómo acabarlo.
miércoles, 12 de mayo de 2010
Cenizas
Es raro saber que lo que antes estaba ahí (o eso creías) de repente, se ha ido, como cuando el humo de un cigarro se disipa haciendo bucles y columnas, cada vez más dispersas, hasta dejar de verse.
Lo mismo ha ocurrido aquí. Se ha ido convirtiendo en columnas de humo hasta que ha desaparecido. Dolió, pero ya no. Por lo visto, no merecía la pena (ni yo tampoco).
El cigarro se ha consumido (casi sin haberle dado unas caladas) y nos hemos quedado hechos humo, más que eso, cenizas en un cenicero que nadie se acuerda de limpiar.
p.d. "Donde hubo vuelo, sólo ha quedado escombro de plumas..." Ismael Serrano (¿alguien lo dudaba?)
Lo mismo ha ocurrido aquí. Se ha ido convirtiendo en columnas de humo hasta que ha desaparecido. Dolió, pero ya no. Por lo visto, no merecía la pena (ni yo tampoco).
El cigarro se ha consumido (casi sin haberle dado unas caladas) y nos hemos quedado hechos humo, más que eso, cenizas en un cenicero que nadie se acuerda de limpiar.
p.d. "Donde hubo vuelo, sólo ha quedado escombro de plumas..." Ismael Serrano (¿alguien lo dudaba?)
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