jueves, 29 de septiembre de 2011

Hoy

Eterno retorno, nuevos acontecimientos en medio de él, mañanas iguales a los ayeres que parece que nunca existieron, los presente continuos olvidados en algún cajón.

Siempre volver, casi siempre sin querer y, sin embargo, queriendo. Mil promesas no pronunciadas en voz alta porque son para una misma; dos mil noches, y alguna más, preguntándose a dónde puede llevarle ser como es.

Puestos a pedir, pediría no tener esas caras delante, no tener que enfrentarse a lo de siempre, poder ignorar lo que ella misma espera de sí y vivir sin remordimientos. Puestos a pedir, pediría quererse más de lo que lo hace; puestos a pedir, querría ser inmortal, todopoderosa y omnipresente. Ser capaz de multiplicarse, de estar en dos sitios a la vez, de querer lo que no pudo querer, de soñar lo que nunca sucederá y no lamentar lo que tampoco pasó y que, incluso, nunca quiso.

Sobrevivirse a ella misma, mirarse desde lejos sin oír esa risa conocida que le sale de la cabeza cada vez que fracasa, o eso cree. Decirle a los demás que los quiere, que los odia, que cuenta con ellos, que algún día los decepcionará, que se decepcionará a sí misma. Que nada importa, nada salvo ella y la vida; es su única tarea, su único deber. Que el viento de levante se levante hasta empujar su nave y llevarla a buen puerto.

No quiere pasos atrás, sólo un paso más que le diga que sí, que no sabe a dónde va, pero que algún día llegará. No quiere sombras en la pared, sólo siluetas dibujadas por una vela a punto de consumirse, como si le avisaran de que es la última oportunidad.

No es valiente, no es decidida, no es temeraria, no es nada que no sea el resto del mundo... Sólo es ella mirándose a un espejo. Ése que siempre le devuelve la imagen con gafas moradas y los ojos entornados, desconfiando del mundo y de ella misma.

Sólo quiere no tener que mirar atrás o hacia delante, sólo quiere quedarse con el sólo, con el ahora, y olvidar que mañana, aunque existe, no es más importante que hoy.

lunes, 26 de septiembre de 2011

He dicho

Nueva frase de la propietaria de una isla en tierra:

"Es que... vivir es muy difícil"

Nada más que añadir.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Probabilidades

Cuando lo imposible pasa, sólo queda esperar que suceda lo improbable...

jueves, 1 de septiembre de 2011

Reflejos

La calle estaba calurosa cuando salí a buscar.
El suelo ardía y el aire quemaba y, mientras,
yo buscaba algo que, todavía, desconocía.

Sólo supe que lo había encontrado cuando,
al pasar ante un espejo de cuerpo entero,
te vi reflejada en él.

Sin maquillaje y sin huidas,
con ojeras y algún granito.

Sólo tú devolviédome la sonrisa,
ésa que se te pone en la cara cuando sabes que
has encontrado lo que andabas buscando.

domingo, 14 de agosto de 2011

Odisea

Por un momento, sintió el Caos, pero respiró hondo y se asomó a Éone; sintió cómo Poseidón lanzaba la brisa del mar a su cara y también al pelo, entonces estiró los brazos para notarla también en la punta de los dedos. Notó que no contaba nada más que ella; no quería defenderse o declararse en guerra contra nada ni nadie, simplemente quiso sobrevolarse a sí misma y huir.

Voló libre, alto y fuerte. No había nada que la atara al suelo o la marcase de cerca. Todo dependía de ella, o así quería creerlo. Sería optimista por un día, tenía alas de cera como las de Ícaro, pero sabía que las suyas no se derretirían con el calor del Sol.

La profecía de Cassandra estaba más que cumplida, la caja de Pandora seguía abierta y Sísifo no tenía más remedio que subir, día tras día, la roca a la cima para ver cómo se repetía su eterno tormento.

Decidió emprender el viaje, no sabía si Penélope la esperaría en su puerto. De lo único que estaba segura era de que, como Ulises, quería enfrentarse a las sirenas; atarse al mástil más fuerte de la nave y dejarse llevar por su canto.

sábado, 23 de julio de 2011

Delirium tremens

Lo que yo necesito para la felicidad es fácil: risas conocidas, amigos, abrazos, nostalgia controlada... Todo sencillo, todo a una llamada de móvil.

Delirium tremens sin alcohol, sólo dedos que recorren columnas vertebrales, carcajadas que se descontrolan sin avisar, gritos de alegría, poesía, naderías que hacen que la vida sea más fácil y llevadera.

El delirium tremens viene, por mucho que digan los expertos, cuando llega esa hora de la noche en la que ya no sabes a dónde vas, pero sabes que estás acompañada y que no importa el lugar, sólo la compañía; las horas no tan perdidas y las miradas de amigos que se cruzan cargadas de intenciones, las de los extraños que quieren entrar en tu vida. Cualquier cosa vale para que abandones tu cuerpo y quieras ser eterna.

No valen normas o reglas que nos enseñen a vivir; sólo se trata de mí enfrentándome a mi vida. Saber que lo que hoy me gusta mañana quizás no y, aún así, reponerme del golpe y reflotar. Respirar y vivir como si no hubiera otro soplo de aire fresco y esperar que ése sea para siempre. No olvidar que la vida duele, y mucho, pero recordar que la Ciudad del Viento sólo es una canción, que no tiene por qué ser la de mi vida (por mucho que me guste), y tratar de construir castillos en el aire hasta convertirlos en realidad, con cimientos y foso que impidan que los enemigos se acerquen a ellos.

Delirium tremens; no sé si la tercera fase de la desintoxicación o la primera de una nueva vida...

viernes, 22 de julio de 2011

Vuelta a empezar

Quiso tener el poder suficiente para apagar el sol. Soplar, como si fuese una vela, pedir un deseo y apagarlo por unos días; pero el verano había llegado para quedarse y no había sombras en las que esconderse.

Todo y todos seguían moviéndose a su alrededor mientras ella esperaba el bus en la Gran Vía sin notar que ahora ya no existía. No es cierto, lo notaba, pero trataba de ignorarlo. Quería que no fuese verdad, que julio volviera a ser septiembre y que todo volviera a empezar. Se daba cuenta de que era un deseo absurdo y que tenía que volver a su vida, aquélla que había quedado entre paréntesis hacía menos de un año; tenía que seguir con lo que llevaba veintidós años tejiendo y tratando de adaptarse a los nuevos cambios. No valía para eso, lo sabía, pero no había otro remedio.

Respiró hondo y se dio cuenta de que no estaba todo tan mal, de que iba a ser tía por primera vez, de que los amigos de siempre estaban aquí, de que València la recibía como la había dejado y que no le guardaba rencor por un año de ausencia. Reconocía que era exagerada su reacción, que, en el fondo, estaba bien volver. Lo que no entendía era el por qué de esa voz que escuchaba en su cabeza que acababa la frase "Está bien volver..." con un "...pero sólo por un tiempo".

Sólo quería apagar el sol por unos días, por unas horas y controlar la situación.