sábado, 19 de abril de 2014

El mundo

"El mundo es todo lo que es el caso", eso dice alguno. Pero el mundo es eso que te rodea sin tenerlo previsto, sin avisos de ningún tipo. El mundo es eso que llama a tu puerta y es también lo que se queda fuera. El mundo es aquello a lo que te enfrentas y también lo que disfrutas. El mundo, ése al que según Mafalda, le duele el Asia, es también aquello que hace que te levantes por las mañanas. 

El mundo es todo, también lo que es el caso, pero va más allá y te envuelve, te absorbe y te dirige. Es eso que sabemos definir, como el tiempo, hasta que nos piden una definición. El mundo está, te lo encuentras y lo vives. Por eso cuando oigo frases del tipo "todo el mundo piensa...", o "el mundo está loco", o "todo el mundo es consciente" me entran ganas de volar a la cara oculta de la luna. 

Serán manías, que las tengo, o será ese generalizar que me asusta. Pero lo cierto es que, en el fondo, vuelvo, me reencuentro con él y, hay días hasta en los que pienso que el mundo no necesita que me baje para ser mejor. Hay días en los que el mundo se vuelve cómodo, con todo lo que eso conlleva, y me alegra. 

miércoles, 16 de abril de 2014

De funambulistas y trapecistas

La funambulista decidió que sí, que saldría a la pista. Pidió que no le pusieran redes, pretendía sorprender al público al ir sin el cable; la red sólo iba a servir para engañar al público. La trapecista pensó que no hacía falta eliminarlas, que todas las cartas estaban mostradas, ya no había nadie a quien engañar. El trapecio sería el mismo. Los que vinieran a verlas no podían esperar más que un rato de entretenimiento.

Las dos se preparaban en los camerinos y compartían sensaciones antes de salir a escena. La una se maquillaba los ojos para hacerlos más expresivos. La otra, hacía lo propio y pensaba en lo que sería saltar al vacío. Ninguna decía nada importante, eran los instantes previos a salir a escena.

Permitámosles dudar. Querer salir a escena y, al mismo tiempo, dudar si se va a poder aguantar hasta el final. Final incierto, esto es el circo. La trapecista pensaba que todo estaba controlado; la funambulista dudaba...

Estamos al final de la actuación. ¿Reencuentro? ¿Felicitaciones? ¿Aplausos? ¿Dónde están el cable y el trapecio? ¿Quién ha concluido la función?

P.D. ¿Quién?






sábado, 10 de agosto de 2013

Seguiré buscando

Tengo miedo. Miedo de no querer lo bastante, o no llegar al "lo suficiente". Miedo de que todo sea una broma y no haya nadie, ni siquiera los gatos.

Miedo al pensar que los demás no me ven, o no llegan a conocerme del todo; pero la culpa es mía. Los años de máscaras y muros entre el mundo y yo están dando resultado. Y me asusta. Quiero sentir. Quiero no tener miedo a dejar a alguien entrar, por lo que pueda ser. Quiero respirar, como cuando pasa una ola por encima de ti y sales victoriosa del agua esperando a la siguiente. Sin daños.

Tengo miedo de perderme historias, al mismo tiempo que voy poniendo barreras para impedirlas. No quiero "vidas enteras", ni primaveras emocionantes. Quiero querer. Asumir, aceptar y desear lo que tengo cerca, que no es poco, y verme una sonrisa en la boca por cualquier cosa. Necesito reír con ganas y sin excusas.  Necesito necesitar.

No te asustes, ya lo hago yo por ti. Sólo necesito que busques, que quieras encontrar algo que yo todavía desconozco, pero que, seguro, está en mí.

p.d. Cuando lo encuentres, me avisas. De momento, seguiré buscando(me). 

viernes, 5 de julio de 2013

Mi chica de cristal

Nunca nadie me había abrazado con tanta necesidad. Nunca me he sentido tan útil como esta mañana. Nunca había notado que estaba donde tenía que estar de una manera tan clara. Un abrazo inesperado, por la espalda y largo, muy largo. Un abrazo lleno de lágrimas, besos y suaves "Estoy aquí" que esperaba que desmostaran lo que realmente quería decir.

Ella, de negro y con los ojos hinchados, me ha hecho necesaria, de su familia; al mismo tiempo en el que yo me sentía sin armas para poder ayudar. Ella lo ha hecho todo: aguantado, sonreído a su sobrino y llorado todo lo que se ha de llorar.

Ella es fuerte, pero tengo miedo de que se rompa. Por algo es mi chica de cristal... Dura como nadie, pero quebradiza. Es mi roca dura, que al tocar la pala, se retuerce. Aguanta, suspira y traga.

Ella, sin saber como, soy yo. Y (me) duele por ella.

sábado, 11 de mayo de 2013

Venganza(s)

A veces, caer es una obligación más. Sentirte tan alto como para mirar al resto del mundo desde el cable, sólo conlleva esperar el momento de la caída. Sin dramas, sin ambulancias recogiendo los cuerpos, simplemente tú mirándote a un espejo. Lo único importante es ese tú que se sabe derrotado y nadie más.

No se esperan coronas de flores, ni plañideras a las cinco, justo cuando las campanadas de la iglesia avisan misa de muertos. Todo es mucho más fácil, incluso hay veces en las que resulta ridículo cuando lo repiensas a la mañana siguiente. Sólo se necesita una noche avanzando hacia la mañana, un tú que pide salirse de ti, una canción triste y cinco minutos para pensar hacia dónde se dirige tu vida. Sólo eso, nada más. Todo al alcance de la mano, al menos, de la mía.

Me empeño en demostrar que soy alguien triste y lo cierto es que no sé de dónde me viene la costumbre. Nunca fui una niña solitaria, tampoco una adolescente sin amigos que sólo quería odiar al mundo. Me recuerdo feliz, incluso divertida; la típica chica que se ríe y consigue hacer reír a los demás. Y me cuesta, me cuesta reconocerme en aquello y, aún hoy, en cada una de las conversaciones en las que terminamos riéndonos todos.

Me cuesta porque no me veo y sólo consigo desdibujarme o intuir una silueta malpeinada a la que agarrarme. Sé que no es el final (ni siquiera el principio), nada termina porque nada empieza marcándose la casilla de salida o el camino hacia la meta.

No importa, supongo, y ahí está la venganza (contra mí, contra todos, contra nadie). Voy, vamos, vas... Esa es la idea, creo.





sábado, 4 de mayo de 2013

Prometo

Prometo que algún día seré franca, con todos, dejaré que veáis todos mis lados y no sólo esas pocas aristas que vais viendo, deshilachadas, cuando finjo que os miro a los ojos. Quién sabe, igual alguien llegue a sorprenderse y piense que pensaba que me conocía. Pero sabéis que soy la primera en advertiros: no tengo secretos porque os aviso a todos de que los tengo.

No voy a declararme culpable de nada porque ya lo hice una vez y no sirvió de nada. No hay culpables, tampoco pienso buscarlos. Soy feliz con cada rato, con cada risa inesperada, que me descubrís desde un ángulo distinto.

Sí, lo que ella sabe, ni se lo imagina él. Él no sabe nada de nosotros y nosotros vamos haciendo camino al andar, sin pensar en nada más que en nuestros ratos juntos.

No espero juntaros en una misma mirada, no serviría de nada. Me conformo con veros a cada uno de frente y terminar por conocerme. Sin aristas ni ángulos muertos. Con conversaciones tontas y momentos trascendentales. Directamente a los ojos. Con ganas de repetir.

Lo prometo todo, espero cumplir.

sábado, 27 de abril de 2013

Sólo por nada

Cuando dije que no, nunca fue del todo cierto. No espero cornetas, ni las puertas del paraíso abriéndose paso. No sé, es que hay veces en las que no me sé explicar y, sí, vale, también hay otras en las que prefiero no hacerlo, pero no es eso.

No quiero días de sol deslumbrante, ni tampoco días tan tristes en los que no quiero saber nada de nadie. Busco ese interludio, ese momento exacto en el que todo está bien y pinta mejor. Busco ese punto concreto del cable en el que lo noto firme y capaz de sostenerme durante un rato. 

No te quiero a ti, tampoco a mí, tengo momentos para todo. No quiero incertidumbres, pero tampoco certezas. No quiero acompañamiento de fondo, tampoco soledades. No quiero lloros innecesarios mientras veo cómo me derrumbo porque, en algún momento, yo lo he decidido. No quiero nada. Quiero no querer, igual es eso.

Aunque también, es cierto, quiero levantarme de la cama y tener claro el porqué. Quiero que el sol me destroce los ojos al mirarlo; quiero que mañana sea un sábado de sábanas revueltas. Quiero que pasado sigan como las dejamos ayer. Quiero no querer volver a hacer la cama, para no deshacerla; porque es así como la hacemos nosotros, del revés. 

Lo quiero todo. Pero hay veces en las que pienso que no quiero nada, sólo por no re-hacerme. Sólo por no verme contigo, conmigo. Sólo por no tener que escribir esto. Sólo por no dar más explicaciones de las que necesito, necesitas. Sólo por nada, como siempre.