domingo, 10 de junio de 2012

"Te quiero"

Desnudez infinita ante unos ojos que no ofrecen la respuesta buscada. Segundos que amenazan con no terminar mientras se espera que una boca hable de nuevo.

Ya no valen los besos, caricias o abrazos; ha llegado el momento de los verbos y las acciones. Todo tendrá que ser demostrado y actuado. No obstante, por ahora, sólo sirven dos palabras que no terminan de llegar. 

sábado, 2 de junio de 2012

Luchas y derrotas

Ya no retumba el eco de los tambores, ya pasó la batalla y los combatientes volvieron a su puesto en las trincheras. La sangre derramada días atrás ya se ha secado y alguien se ha encargado de los heridos. Aunque no de todos.

A algunos las cicatrices les tardarán en salir porque las heridas fueron demasiado profundas. A algunos todavía les brota la sangre de tanto en tanto, como recuerdo de una guerra que se sabe perdida. En el fondo, no habrá cura para ellos; aunque, tal vez, se salven y consigan escapar de la muerte algunos años más.

Lo cierto es que la vida, de todos modos, ha terminado para ellos. Aquel dulce horror, escogido de una u otra forma, ya no se borrará de su memoria y con ellos viajará hacia la siguiente lucha. Tal vez, en la próxima contienda corran más suerte y sean ellos los que le arranquen y rompan el corazón a sus adversarios; pero siempre serán conscientes de que el suyo quedó parado un año, una noche o una hora de no importa ya hace cuánto tiempo. 

miércoles, 23 de mayo de 2012

Absurdamente absurdo

Uno se da cuenta de que la cordura no existe cuando siente el absurdo sobre la cabeza. Cuando, como Sísifo, se comprende que tanto da arrastrar de nuevo la piedra colina arriba o no, porque se sabe condenado a repetirlo eternamente; es cuando tienes la certeza de que Pandora no consiguió salvar la Esperanza en su caja después de todo.

Es como si el vacío estuviera bajo tus pies y ya no quedara ningún asidero o un solo cable al que cogerse para evitar la angustia de ese segundo incierto antes de caer, tan absurdo como el resto. Ya nada, sólo ingravidez y miedo ante un vacío que devora y que, únicamente, promete tormento. Cuando te comprendes en ese punto hasta respirar resulta impensable.

El aire se vuelve espeso y las caras se difuminan, se convierten en máscaras desconocidas, al tiempo que, sus bocas se retuercen en esa sonrisa fantasmal no tan desconocida. Ya nadie importa, ni siquiera uno mismo; nada es ya algo... simplemente, todo deja de tener el sentido que un día creíste que tenía.

El absurdo lo es todo: es un mundo que se hunde sin tener ninguna idea de cómo salvarse, es ese futuro que ya no es incierto, sólo inexistente; también es esa cantidad de gente que quiere trabajar y no puede hacerlo. Lo somos todos y cada uno de nosotros. Todos colaboramos en esa hazaña dudosa de hacerlo todavía más grotesco.

No, no intentes salvarte o creerte ya salvado de él. Cuando llegas, lo miras de cerca y ves la locura en unos ojos cuando te miras al espejo, lo sabes. De ahí nadie nunca podrá salvarte. Ni un dios, ni el amor y tampoco esos momentos de tregua en los que desearías quedarte para siempre. Simplemente es imposible, el absurdo ya te ha devorado, como Crono a sus hijos.

Tal vez tú seas más fuerte, quizás, encuentres a alguien que te salve como hizo Rea con Zeus. Lo cierto es que, seguramente, nadie consiga arrancarte de los brazos de un padre hambriento.

Sí, cada vez somos más, seguimos esperándote. 

jueves, 17 de mayo de 2012

Confesión 2.0

Pasan las horas y sigo esperando a que el tiempo me dé una oportunidad, me deje frenar un rato y reencontrar el motivo por el que llegué hasta aquí hace ya casi cinco años.

Hoy he tenido, espero (aunque no me lo creo), mi última clase de la carrera. Por lo visto, ya sólo tengo horas de estudio, trabajos por hacer y ocho asignaturas esperando su turno. Por lo visto, digo, me he hecho mayor, un ciclo parece que se cierra y el futuro, más incierto y desesperanzador para una estudiante (de filosofía) empieza a llamar a mi puerta. 

Hoy sólo intento recordar todo lo que me gustaba (y sigue gustándome, aunque me lo niegue) pasar las horas en clase como las de hoy. Da igual que sea Metafísica, Historia del Gusto, Estéticas de la Interpretación o Corrientes Actuales... Lo intento, pero no llego a verlo; no consigo sacarme esa nube negra de la cabeza, el agobio y las horas en balde de cara a los apuntes. Soy incapaz de recordar mi cara el primer día de cada curso, de cada asignatura o las ganas de todo que me entran en cada período de exámenes. 

Aunque también es cierto que, a veces, estalla la guerra, me vuelven recuerdos de los grandes momentos: gente que he conocido gracias a aquella decisión que tomé cuándo aún no se tiene edad para decidir. Por momentos, vuelvo a Granada, retrocedo al día que conocía a A. y la primera cerveza con ella o el primer pueblo. Recuerdo muchas otras cosas, demasiadas como para pensar que sólo han pasado en cinco años. 

Después de todo, he encontrado ese motivo. Por mucho que la gente dude (y yo misma lo haga algunos días), Filosofía fue la elección correcta. Ella me dio cinco años de mañanas de café y noches de cerveza; de horas de estudios llenas de descansos y horas ganadas a la vida. Al fin y al cabo, la carrera con más salidas de todas. 


domingo, 15 de abril de 2012

Vacío

Sólo una respiración. Ganas de nada, de dormir hasta que mañana vuelva a llover. Cuando caer deja de importar, una sólo se pregunta cuándo llegará ese final, ese golpe seco que diga que se ha tocado fondo.

Ya no lanza monedas porque no puede esperar para verlas caer. Sólo hay un vacío que sirve para hacer de eco. Un retumbar de voces, gritos acallados, ganas de llorar y una espiral de miedo. Inmovilidad.

El salto al vacío ya no sirve, la cuerda del funambulista se partió en el primer momento; las ganas de aguantar estallaron cuando el cable hizo "clic". El instante de ingravidez entre que se rompe el cable y se empieza a caer, ese minúsculo segundo, amenaza con prolongarse eternamente.

No hay asideros, sólo exámenes, plazos, vacío, sueño, ganas de romper con todo, ganas de salirse de ella y no volver hasta que todo esté resuelto. Huida, hacia delante, claro. Aplazando problemas, insignificancias que no le dejan respirar, soledades compartidas con alguien que siente lo mismo... Nada, sólo vacío. Ya no tiene paciencia, tampoco ganas, sólo una extraña sensación de pérdida de tiempo.

¿Qué hacer cuando ningún sitio es válido para permanecer en él más de dos minutos y, al mismo tiempo, no querer moverse, sólo por si acaso? Sólo eso, sólo vacío, miedo, cansancio, ganas de no volver hasta que consiga hacer de ella una buena compañía.


P.d. Y esta entrada va para Ana; sólo porque sí, sólo porque sé que entiende lo que quiero decir.

lunes, 2 de abril de 2012

Luchas y huelgas...

Carlos ha escrito que "antes, se luchaba por tener derechos". Ya ves, hoy, se trata de luchar por no perder todos aquellos derechos que tantas luchas ha costado conseguir.



lunes, 26 de marzo de 2012

Puertas

Llamó a la puerta, una vez, dos. No obtuvo respuesta, pero volvió a insistir una última vez antes de darse por vencida. Esperó algunos segundos con la típica pose del que espera que una puerta se abra y lo reciba una cara amiga: cambio del peso de un pie al otro, colocarse el pelo, asomarse a la mirilla como si se pudiera ver el otro lado de la puerta. Finalmente, desistió y se marchó.

Había ido en busca de un tiempo que ya le resultaba lejano y extraño; intentando arañar algunos minutos de un pasado que no recordaba más feliz que cualquier otro tiempo, pero sí con cierta alegría y nostalgia. No sabía qué esperar si la puerta se abriera, cuál sería su reacción al tener enfrente algo ya casi olvidado.

Únicamente trataba de volver a tener entre las manos algún instante que últimamente se empeñaba en revivir. Quería saber si había sucedido, si no lo había soñado únicamente.

No obstante, no hubo respuesta, no se abrió aquella puerta ni nadie la recibió con una sonrisa y un cálido abrazo. Sólo una puerta blindada, lacada en blanco, con el pomo plateado en el que se veía reflejada del revés hasta que no aguantó más y se marchó. Ella no lo vio, pero se podía seguir su reflejo, cada vez más pequeño, cuando se hartó de esperar, dio media vuelta y se marchó.

Quizá sea cierto y el pasado no vuelve, que las puertas cerradas no volverán a abrirse con llaves que, hace mucho, se tiraron al fondo del mar. Tal vez lo que ya pasó, pasó, que cuando las flores se hielan en invierno, no florecen de nuevo la siguiente primavera. De todas formas, necesitaba saberlo de primera mano, necesitaba ver cómo aquella puerta no se abría, desoyendo sus llamadas.

Sí, salió de aquel patio con el estómago encogido y las lágrimas esperando su turno en los ojos, pero con la sensación de haber intentado hacer, por última vez, todo lo que estaba en su mano por recuperar un tiempo que, ahora sí, definitivamente sabía muerto.


P.d. Alguno interpretará "Granada", pero ella sólo quería escribir.