lunes, 30 de enero de 2012

Encuentro

Sus ojos se encontraron. Él la miró interesado, Ella subió un poco su falda. Le enseñó la rodilla, el muslo... esperando que él deseara descubrir otro camino por cuenta propia.

De lejos se miraron y se sonrieron. Desde la distancia, Él imaginó miles de pecas por su cuerpo y Ella intuyó un remolino de caricias en sus manos. No hablaban, no se atrevían a decir nada; no querían romper aquellos momentos de invenciones, de descubrimientos, de batallas entre las sábanas imaginarias.

¿Quién daría el primer paso? ¿Quién rompería la distancia entre ambos? ¿Cómo marcharse de aquel bar sin, al menos, un nuevo número de teléfono en el móvil?

Así siguieron, yo los vi. Miradas cruzadas, manos incontrolables, muchas ganas de empezar de cero... Todo contenido en un momento que no sabía por dónde estallar.

Al final, por fin, vi como él se levantaba. Pasaba por su lado y seguía un poco más allá. Ella, alarmada, se levantó tras Él. De repente, se miraron, se hablaron. Él parecía seguro, pero miraba su escote; Ella, insegura, pero ajustándose la falda. Entonces se miraron de cerca por primera vez, como nunca nadie lo ha hecho. Entonces estalló.

Todo, el tiempo, volvió a empezar de nuevo.

lunes, 23 de enero de 2012

Juicio mental

En el juicio me declaré loca, y los demás asintieron en gesto de afirmación. Al fin lo reconocía, y al contrario de lo que esperaba, no me sentí mejor. Nunca era agradable sentarse a declarar ante un jurado, pero cuando una misma era juez y parte y el que debía declararte culpable o inocente eras tú, la sensación era aún peor.

Suspiré en el bar mientras en mi cabeza se iba debatiendo sobre mi futuro. ¿Alegatos a favor?, ¿en contra?, “En mi opinión, señor juez, la acusada debería ser condenada…” dejé de escuchar mi mente a media frase, sabía que el final de la frase no me iba a gustar, aunque reconocía que era cierto.

Escuché, o más bien fingí escuchar, a la gente que me hablaba. Lo bueno de estar en un bar bullicioso y oscuro era que no importaba que no oyera a los demás, ni siquiera me molesté en asentir ante el ingenioso comentario, lo supuse porque vi como el resto de la gente se reía después de que mi interlocutor acabara.

Y mientras tanto, el juicio seguía avanzando. Me sentía como Alicia esperando a que la reina le dijera que le iban a cortar la cabeza; era inevitable, mi ejecución (al menos mental) sería en pocos minutos…y como si del siglo XVI se tratara, tenía hasta público que aplaudiera cuando mi cabeza rodara por el suelo. La gente podría mirarme con odio mientras caminara hacia el verdugo, los padres le dirían a sus hijos que si no mejoraban su comportamiento, acabarían como yo y algunos hasta podrían escupirme al pasar por su lado y chillarme “¡Bruja, te lo mereces!” cuando el verdugo levantara el hacha para coger impulso y sesgarme el cuello de cuajo.

Los demás seguían hablando, bebiendo, riendo y cantando desacompasadamente ajenos a la batalla que se libraba en mi cabeza. ¿Cómo era posible? Mi futuro se estaba discutiendo a menos de un metro de ellos, y ni siquiera se habían percatado de que algo no iba bien. Entre el alcohol, la risa y las promesas sexuales de aquella noche, no estaba como primera opción escuchar las repetidas conversaciones sobre mí y mi locura. Cogí una cerveza de la mesa, daba igual de quien fuera y me la bebí hasta el final, de un trago. Cuando la dejé sobre la mesa, los demás me aplaudieron como si de una hazaña se tratase, y en vez de gritarles gilipollas, decidí levantar la mano como queriendo quitarle importancia mientras sonreía de lado.

De repente, el abogado defensor se oía en mi cabeza: “Dejadla, es joven, todavía tiene toda la vida por delante”. ¿Cómo que todavía tiene la vida por delante? ¿Si fuera vieja me condenarían? Menuda mierda de abogado, voy derecha al hacha. Miré hacia arriba y vi el techo negro, sucio y pensé que igual el hacha no era tan mala, visto lo visto…

Quería que el juicio acabara ya, que me condenaran o me liberaran, que acabara la noche. Quería que, por fin acabara todo; si realmente era culpable, que me lo dijeran y viviría con ello, sino…pues sólo que mis ideas, mis recuerdos, mis pensamientos, todas aquellas cosas que no me dejaban ser feliz, desaparecieran.

Pero lo que tenía muy claro es que no quería tener que volver a pasar por esto, eran ya demasiadas veces. Si realmente estaba loca y no podía vivir en el mundo como los demás, que me lo dijeran, que me ordenaran qué hacer y ya vería como pasaría el resto de mi vida. Si no lo estaba, quería que no resultara tan complicado vivir, poder acoplarme a él y que éste también me escuchara. Pero en lugar de eso, mi abogado mental sólo decía que era joven, que cambiaría, que no se preocuparan los señores letrados, como Don Miedo, Doña Furia, Don Recuerdo y Doña Dolores, y que me dejaran libre. Sin embargo, los letrados fiscales, la jueza que era yo misma, y parte de la gente que había venido a mi juicio, como Recuerdos, Oportunidades Perdidas, Momentos Pasados y Manías Varias, querían condenarme.

Yo, que acudí a declarar, rechacé la Biblia y sólo prometí decir la verdad y toda la verdad. Pero me giré a la jueza y le dije: “¿Pero qué verdad? Si ni siquiera yo misma, ni usted, si se me permite decirlo, sabemos cuál es la verdad. Igual si la supiéramos no estaríamos aquí…cada dos por tres, además. Yo sólo quiero vivir, pero verá usted, la vida me lo impide. Si tiene usted alguna idea, ya sabe…pero me parece que no sabe por dónde empezar. Ni usted quiere verme aquí la semana que viene o dentro de un mes, ni yo quiero volver…pero ni sus condenas sirven de nada ni mis promesas de cambiar nos llevan a ningún lado”. Al contrario de lo que pensaba, la jueza no me echó a patadas de allí ni me dijo que quién me creía que era, al fin y al cabo, tenía razón.

Desconecté del juicio y al volver al mundo, me di cuenta de que estaba en otro bar, con más luz y más gente. De puta madre María, ya no es que pierdas tu tiempo mental, es que ni te fijas por donde caminas…Se me sentó alguien al lado, debió pisarme porque me pidió perdón. Al girarme, y preguntarle por qué me pedía perdón, contestó: “No sé, supongo que es lo normal…además no me refería al pisotón, sino a molestarte mientras piensas”.

Que era lo normal, decía. ¡Lo normal! Hacía tiempo que nada era normal, y menos aquella noche. Cuando me preguntó por qué razón aquella noche era menos normal que de costumbre le contesté la verdad. Me estaba juzgando mentalmente, le conté quién era la jueza, quiénes los acusadores, quién mi abogado defensor, el público que había venido a ver mi cabeza rodar… le conté todo. Lo mejor de todo fue su cara, sólo por volverla a ver se lo contaría a alguien más, en serio. Vi lo que estaba pensando “está loca”, pero mientras, supongo que por miedo a que lo matara o que siguiera hablando con él (las dos opciones eran igual de horribles), sonreía. Así que para ahorrarle las excusas y los “tengo prisa”, me levanté y me fui.

Miré hacia arriba como si pudiera verme la mente y hablé: “¿veis? Él también cree que estoy loca, y ya van 5 en este mes…”. Seguí caminando un rato, calle arriba calle abajo, como para aclarar a los demás que tenían razón y que sí, estaba loca. Y en ese momento escuché a la jueza dar golpes con su mazo sobre la mesa: ¡Atención! (golpes), ¡Orden en la sala! (golpes), ¡Ya he tomado una decisión! Pues menos mal, empezaba a cansarme de esperar… contesté. Me miró con odio y se sentó.

“Hemos decidido declarar a la acusada inocente”. ¿¿¿Cómo??? Pregunté, a lo que ella contestó: “Pues mira sí, al fin y al cabo todos vivimos de ti, así que sí tu eres condenada, te mueres y todo el rollo… ¿¿en qué vamos a trabajar nosotros??”. La miré indignada y me dijo, “no me mires así, al fin y al cabo se trata de sobrevivir. Es lo que hacemos todos, es lo que haces tú, ¿no?”.

Tocó con la maza en la mesa y dijo: “nos vemos en un mes, o quince días o la semana que viene…” Y mirándome añadió: “De ti depende”.

lunes, 2 de enero de 2012

Año nuevo

Y algunos dirán que vida nueva o algo por el estilo. Yo, en cambio, soy incapaz de trazar la frontera, de marcar la discontinuidad entre ayer y mañana, entre el sábado y el domingo.

He optado por no proponerme nada para los próximos 365 días, días que están por venir y que marcarán los porvenires de todos. Como soy consciente de que no voy a cumplir ni la mitad de todas ellas y de que no tengo la menor intención de hacerlo, ya ni lo intento, me limito a vivir día tras día, con todo lo que conlleva eso, y evito posibles dolores de cabeza en un futuro.

Sé que llegará un día en el que deje de fumar, que aprenda a querer como es debido, en el que sepa apreciar lo bueno de la vida y deje de lado lo malo, que aceptaré las cosas como vengan, que lucharé por lo que quiero, que mi vida será mía, que alguien sonreirá a mi lado, que yo me apoyaré en un hombro... No importa que sea este año o el que viene, lo que cuenta es que suceda.

No trazaré una línea por encima de mi cabeza ni trataré de sobrevolarla; simplemente, trataré de ser feliz, que no es poco. Querré a mi sobrina, me alegraré por cualquiera, me condenaré a tu risa, te condenaré a mis brazos, tendré a mi gente tan cerca del pensamiento como me sea posible... Cualquier cosa que me deje vivir otro año más. Cualquier cosa que me deje tener la cabeza en las nubes pero que me retenga los pies en la tierra.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Una chica y su bolso

Si a una chica se la conoce por el contenido de su bolso, te puedo decir que ahora mismo llevo: el mp3, el móvil (y digo móvil porque me lo llevo donde quiero, cuando no se me olvida, y sólo llama y escribe mensajes, nada de tecnología punta ni conexión a internet), el libro de Rayuela (lleno de subrayados, con las puntas dobladas, y las páginas marcadas de tanto releerlo), la bolsa de aseo (con muchas más cosas de las necesarias, pero es que nunca se sabe), el tabaco, mechero, otro mechero que no va casi (es para las emergencias), las boquillas, caramelos de fresa mentolada, crema de cacao, un boli amarillo con lunares morados, un subrayador rosa suelto por el bolso, el estuche "oficial de la carrera", el "Discurso del Método" para dar repaso esta tarde, el bono del metro, las llaves de casa y del coche, el monedero de la calderilla y el de billetes y tarjetas (más vacío, siempre, de lo que sería recomendable) y un frasco con Nenuco.

Saca tus propias conclusiones.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Anuncio por palabras

Quería escribir un anuncio por palabras pero únicamente se me ocurrían cosas demasiado complicadas, así que aquí dejo lo que me gustaría ofrecer y no sé si puedo:

<< Chica complicada promete: olvidarse de todo durante un rato si le acaricias la espalda. Desmelenarse si lo que ofreces le convence. Enseñarte el modo de hacerle daño si prometes no hacérselo. Devolverte una sonrisa si le aguantas su tristeza. Aprender a desnudarse, por dentro y por fuera, si sabes ver más allá de la ropa. Tratar de querer huir contigo y no de ti.

Absténgase cualquiera que no tenga tiempo que perder y el que necesite saber a dónde vamos.

Razón: necesita aires nuevos que muevan su vieja veleta>>.

jueves, 10 de noviembre de 2011

A medio pulmón

Porque hay días en los que los demás saben explicar mejor que uno mismo lo que nos pasa... porque siempre me quedaron, me quedan y me quedarán, cien cosas en el tintero. Porque las cosas que nunca dije están de otra forma en cada silencio... Por todo eso, y más, hoy toca Carlos Chaouen.

"A medio pulmón": http://www.youtube.com/watch?v=07Vj0TAkjYw&feature=BFa&list=AVGxdCwVVULXc78SdTZRAvS02otWIMkBhs&lf=list_related

martes, 18 de octubre de 2011

Seré Salvaje...

...me convertiré en esa posesa que sólo quiere gritar y desnudarse. Seré aquélla a la que no le importa nada más que su cuerpo, su placer y su lujuria. Aullaré cuando recorras cada centrímetro de mi piel, pero también cuando lo hagan otros.

Me reclinaré en la cama o en el sillón esperándote, sabiedo que sólo yo sucumbiré ante mí. Sonreiré cuando pienses que me tienes porque sólo yo sabré en qué lugar está mi cabeza. Nadie cruzará esa barrera y todos creerán haberla superado; fingiré y haré creer que así es. Mientras, mi cabeza seguirá pensando lo que querría estar haciendo realmente.

Seduciré, caminaré pisando fuerte, seré salvaje, sí. Lucharé, gritaré tu nombre o el de cualquiera, conseguiré que me quieras. Tratarás de retenerme y diré que no, pero no me creerás y tú también lucharás.

No importará nada porque ya nada importa. Simplemente seré tentación, manzana prohibida que se acercará a tus labios, chocolate fundido, fresas con nata, canela. Seré todo eso y más, adoptaré la cara, la actitud, la postura que crea que quieres en cada momento. Tú me creerás enamorada, entregada, famélica, ansiosa y sólo yo sabré cuál es la verdad.

Sólo yo sabré que no hay nada que entregar, que todo es nada y vacío; que mis risas no son de felicidad y que sí, soy salvaje, pero porque ya no hay nada que perder.

Gritarás conmigo, sudaremos, nos cogeremos las manos, pasearemos, hablaremos, te miraré desde la cama, me susurrarás al oído frases inacabadas... Lo haremos todo, lo seremos todo. Eso creerás y yo, en vano, también lo intentaré. De nada servirá porque he visto la locura en unos ojos al mirarme al espejo. He roto lazos que pensé que jamás desharía, hice cosas que, aunque no me avergüenzan, no estoy dispuesta a confesar.

Así que no, disfrútame, saboréame... pero, lo siento, no podrás quedarte conmigo.